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10 Abril 2013

'Hoy, en el barranco, sucedió algo terrible. Tuve que matar a papá'....

Pues sí. Así, de forma tan directa y pugnaz como la que sigue, se arranca una novelaza negra. Está visto que Gustavo Malajovich, argentino nacido en 1963, sabe muy bien lo que hace en 'El jardín de bronce', su primera novela, que acaba de ser publicada en España por Random, y que va a convertirse en un imprescindible en la biblioteca de todo buen 'negrómano' que se precie de serlo.



Hoy, en el barranco, sucedió algo terrible.

Tuve que matar a papá.

No sé cómo tengo fuerzas para escribir. Siento como si estuviera sumergido en una gran pecera de agua oscura que rodea mis sentidos.

Ahora estoy en mi habitación y oigo las voces nerviosas de los de la casa, que ya están preguntando por él. Es lógico. Por lo general, papá está en casa antes de las ocho, para presidir la ceremonia de la cena. Son las nueve y media y no aparece. Creo percibir el ruido nervioso que produce Reba cuando habla, esa mezcla de susurro con respiración asmática. "¿Se habrá retrasado en el muelle? ¿Se habrá quedado hablando con los operarios? ¿Llamo al bar de Farías?".

No va a volver, Reba. No insistas.

Papá está tirado boca arriba y con los ojos abiertos. Se los vi desde la distancia. Nada parece indicar que está muerto, excepto cierto ángulo extraño en una de sus piernas. Tiene en su cara esa expresión varonil de suficiencia que le conozco de siempre, ahora mezclada con una imprevista sombra de sorpresa. Voy a ordenar mis recuerdos de lo que pasó para que el episodio quede consignado claramente en este diario.

Gustavo Malajovich abandonó la arquitectura cuando fue convocado para colaborar en los guiones de la serie 'Los simuladores', hito absoluto de la ficción argentina televisiva. No en vano dicen que el mejor cine del momento se hace en la televisión.

Gustavo Malajovich ha sacado tiempo, entre trama y trama, capítulo y capítulo, para arrancar una saga literaria llamada a renovar radicalmente el género. "Uno de los 'thrillers' más apasionantes que se haya escrito durante los últimos 20 años", según 'La Nación'. Y por ahí anda la cosa.

Fabián Danubio, el protagonista de 'El jardín de bronce', abandona la arquitectura cuando es convocado a "rastrear personas desaparecidas". El resto es una historia de la que poco, muy poco se puede contar para no estropear una lectura tan adictiva como sorprendente.

Y sí. Gustavo Malajovich sabe también cómo rematar una novelaza negra que, visto lo visto, leído lo ilegible, apenas tiene que ver con la calidad subterránea del resurgir 'noir' editorial del momento. Ahí queda eso.

Quizá hubiese algo más que casualidades, después de todo.

Caminó hacia Moira, atravesó los metros y los años para reunirse con ella.

Ella contemplaba el palo borracho, en trance, derecha, con su pelo que se movía al viento como un delicado látigo. Fabián se acercó despacio. Ella tenía puesto el collar de fuego de su madre y de la mochila sobresalía la cabeza del muñeco grillo.

Se detuvo a dos metros de ella. Primero su cara reflejó que lo había percibido, después de volvió hacia él.

–Se me ocurrió pasar por aquí antes de seguir mi viaje.

–Ah.

Ella frunció la boca.

–¿Ese color verde es natural o lo pintan?

–Es natural. –Fabián se balanceó sobre sus pies–. Tu madre... Ella preguntaba lo mismo.

Moira se descolgó la mochila y la apoyó en la hierba. Levantó una ceja hacia él.

–Sabes buscar bien. No esperaba que me encontraras.

–Estoy entrenado.

Ella cruzó los brazos, pensativa.

–Deberías haber traído la cámara de fotos.

–Es cierto. Feliz cumpleaños. –Tomó aire–. Hagamos una cosa. Vayamos a casa a buscar la cámara de fotos, volvemos y te saco algunas al lado del árbol. Ella no contestó, pero por primera vez desde que la había recuperado, Fabián vio en la cara de Moira un gesto distinto y nuevo. El conjunto de sus ojos, su nariz y su boca formaron una geometría que expresaba amor, alegría, y también desafío. Luego volvió a mirar el árbol.

Fabián, con lentitud, avanzó un poco más hacia ella.

Fuente de la noticia: El Mundo
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