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5 Abril 2013

El autor superventas presenta su tercera obra, 'La Reina descalza', de nuevo, una novela histórica. «Me gusta a mí, a la editorial y a la gente. ¿Por qué cambiar?»
Ildefonso Falcones Escritor

'La reina descalza' (Grijalbo) es la tercera novela de Ildefonso Falcones, que se hizo un nombre en el panorama editorial con la vendidísima 'La Catedral del Mar'. Su nueva obra nació con la intención de ser cubana. Falcones quería escribir sobre la esclavitud en la isla a mediados del siglo XVIII, cuando la mano de obra de los ingenios azucareros era tratada peor que el ganado. En ese ambiente surge el personaje de Caridad, una esclava negra. «Pero era un poco duro escribir sobre Cuba, porque a mí me gusta estar en los sitios de los que hablo y eso suponía ir hasta allí. Así que traje a Caridad aquí».

Aquí es Cádiz y Sevilla, primero, para acabar en Madrid. Aquí es también un mundo de contrastes, el de un siglo ilustrado pero violento, el de los callejones llenos de vida donde viven los gitanos -con sus ropas de colores y sus joyas, con su cante y su baile- y la opresión, la persecución y la muerte. «Los gitanos estuvieron perseguidos desde los Reyes Católicos y hasta finales del siglo XIX. Habían llegado a principios del XIV, y en aquel momento se les había tratado como a señores que, dijeron, iban de peregrinaje a Compostela. Pronto se vio que aquel grupo era otra cosa». Comenzaron las pragmáticas para echarlos o encarcelarlos; las mujeres y los niños eran recluidos y los hombres, mandados a galeras y trabajos forzosos.

De los gitanos del libro destaca Milagros, «la gitanilla alegre, simpática, guapa, caprichosa que va perdiendo su libertad por sus propias equivocaciones», describe el autor, y que es la encargada de enseñarle a Caridad, exesclava, qué significa precisamente esa palabra: libertad. «Caridad no sabe cómo ser libre, no es capaz ni de hablar a los blancos». Sus pasos son dados en una sociedad en la que no existen los derechos «porque no es hasta después de la Revolución Industrial cuando comienzan a conseguirse. Hasta entonces cualquier sociedad estuvo oprimida, siempre».

Eso es parte de lo que le gusta a Falcones de escribir novela histórica: conocer cómo vivía la gente común. «Lo que me atrae es poder profundizar en la situación de la gente de la calle». Y no se le pasa dejarlo. «¿Para qué?», se pregunta. «A mí me gusta, le gusta a la editorial y le gusta al público. Cuanto más éxito mejor. Se trata de no caer en las repeticiones». De todas maneras, sus historias de amor, sexo, drama y venganza «podrían darse en cualquier época». «En lugar de la esclava, hoy la protagonista sería una mujer secuestrada para prostituirla», explica. Y las escenas de contrabando de tabaco que describe bien podrían ser las de la actualidad. «Podría ser de drogas, pero el contrabando de tabaco también está volviendo. En época de bonanza a nadie le interesa, pero en la de crisis se araña de cualquier sitio», sonríe y recuerda que hasta un alto cargo catalán ha sido imputado por este delito.

Hablando de Cataluña, tiene claro que en su tierra no es que esté discriminado, sino que ni está. «Ni soy escritor ni catalán», dice. «Como no escribo en catalán. Acaba de ir a París un grupo de autores, también algunos en lengua castellana, y a mí no me han dicho nada. Con la de gente que habré traído yo a Barcelona», se consuela, pensando en los lectores de su primera novela. Y sobre la brecha entre españoles y catalanes, cree que es la sociedad quien debe evitarla. «Hay cierta dejación por parte del resto de España, olvidándose de todo lo que Cataluña ha contribuido al país y convirtiéndola en chivo expiatorio del problema (y al revés). Claro que ese es el discurso de quienes pretenden manejarnos y tenemos que ser conscientes de ello».

Fuente de la noticia: El Comercio
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