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2 Octubre 2012

Ferdinand von Schirach (Munich, 1964) conoce por experiencia propia que la barrera entre el bien y el mal no suele ser la misma para todo el mundo. Como escritor parece haber encontrado un filón en las historias reales sobre asesinatos y delincuentes. Crímenes, su primera incursión en el relato basado en hechos reales, fue todo un acontecimiento. Vendió millones de ejemplares y se mantuvo durante meses en las listas de libros más vendidos en su país. Durante años ha ejercido como abogado penalista en Alemania y ha utilizado precisamente sus experiencias como letrado para redactar estas historias. Su nuevo título, Culpa, se puede leer como una segunda parte del anterior, reúne quince historias sacadas de los más de 700 casos en los que ha participado a lo largo de su carrera. No las muestra tal cual sucedieron sino que mezcla asuntos similares y algunas conclusiones. Papeles Perdidos publica ahora El panadero, un relato inédito sobre un error judicial, que no se recoge en el libro. Precisamente la ilustración de este post se realizó para este relato.



Culpa, que se pone a la venta el próximo jueves, llega precedido también de un importante éxito en Alemania. ¿Su secreto? las historias de Von Schirach pueden leerse como crónica negra: historias bien contadas por alguien que sabe de lo que habla. Algunos críticos han comparado algunos de sus cuentos con el Truman Capote de A sangre fría. Von Schirach tampoco juzga a sus personajes, ni siquiera se compadece de sí mismo como narrador y abogado que hace posible que las cosas acaben de una determinada manera. El libro se abre con una sentencia de Aristóteles: "Las cosas son como son".

Culpa arranca con el que seguramente fue uno de sus primeros casos como letrado, una violación múltiple. Por entonces el abogado narrador lució su primera toga y estaba cargado de ilusiones. Su lema entonces venía a ser algo así como: "La defensa es una lucha, una lucha por los derechos de los inculpados". La frase en cuestión, sacada del Manual del abogado defensor, acompañó sus pensamientos durante ese caso y otros muchos, en la época en que ni siquiera pensaba que acabaría ganándose la vida como escritor. La estrategia de la defensa no era demostrar la inocencia de los acusados, tan solo la acusación debía aportar pruebas. El objetivo, aunque también, no era sólo ganar el caso. Aquello supuso su pérdida de la virginidad como letrado. Pero si Fiestas, título del relato que abre el libro, pone al lector en una encrucijada, con el siguiente relato, ADN, nos lleva justo al lado contrario. Algo así como el que la hace la paga. Y así hasta el final, casa caso plantea una cuestión diferente.

Von Schirach se convirtió en escritor por culpa del insomnio. Dormía tan mal que, en una de esas desesperantes noches en blanco, saltó de la cama y empezó desgranar sus particulares reflexiones sobre los casos en los que había participado. Mezcla casos y personajes pero lo único que no cambia es el motivo del crimen o, mejor dicho, "el tono fundamental de un caso. Y pienso que es este tono lo que nos impresiona", contó en el suplemento Babelia cuando publicó su primer libro. "El abogado defensor no se hace amigo de su cliente. Mantiene la distancia, solo es un observador. No juzga, no moraliza, no lo abandona. Esta actitud profesional y desinteresada resulta importante para el acusado. Todo lo que dice se encuentra protegido por el secreto profesional del abogado. Él puede abrirse, porque sabe que no va a ser traicionado. Y es más fácil que con un cura, porque el abogado no juzga. Solo el tribunal puede decidir si es culpable. Si lo absuelve, el cliente no es culpable. No importa si yo lo considero culpable o no".

Como buen penalista sabe que el pasado siempre vuelve. Su siguiente paso como escritor va aún más lejos. El caso Collini, su primera novela, ya se ha publicado en Inglaterra y Salamandra, su editora española, la publica el próximo año. El caso Collini mezcla pasado y presente. La trama comienza con la misteriosa muerte de un industrial en el Berlín actual y su investigación acabará recabando en los primeros días del nacional socialismo en Alemania, un punto de encuentro que lo confronta con el pasado de su familia. Su abuelo fue Baldur von Schirach (1907-1974), líder de la juventud nazi, diputado del Reichstag, y gobernador de Viena durante la II Guerra Mundial. Era uno de los favoritos de Hitler, fue juzgado en Núremberg y condenado a 20 años de prisión, que cumplió en Spandau.

Fuente de la noticia: El País
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