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19 Abril 2012
Título: Gente peligrosa. El radicalismo olvidado de la Ilustración europea | Autor: Philipp Blom| Traducción: Daniel Najmías

Desde la década de 1750 hasta la de 1770, el salón parisino del barón Paul Thiry Holbach fue el epicentro del debate, de la audacia intelectual y las ideas revolucionarias, y reunió en torno a una mesa a personalidades de la talla de Denis Diderot, Laurence Sterne, David Hume, Adam Smith, Horace Walpole, Benjamin Franklin, el malicioso Ferdinando Galiani, el intransigente ex sacerdote Guillaume Raynal, el conde italiano Beccaria, y Jean-Jacques Rousseau, que después se opuso a sus amigos.

Aquél fue un instante de tal radicalismo, intransigencia y audacia en el pensamiento europeo, que filósofos rivales -como Voltaire y Rousseau, tras su cambio de chaqueta- se enfrentaron violentamente, y el proceso acabó finalmente sofocado por Robespierre y sus secuaces. Y este momento decisivo en la historia de Occidente ha sido olvidado por los historiadores, que no han mirado más allá de lo que mostraba la versión oficial de los hechos.

En Gente peligrosa, Philipp Blom vuelve sobre los pasos y el destino de los integrantes de este excepcional grupo de amigos, y devuelve la vida a sus subversivas ideas. Mentes brillantes, llenas de ingenio, de valor y de humanidad, cuyo pensamiento creó una Ilustración radical y diferente, basada en el ateísmo, la pasión, la empatía, y una visión de la sociedad de una suprema agudeza. Blom ha escrito una importante -y también sorprendente- obra de historia narrativa, que nos obliga a considerar desde una nueva perspectiva el debate sobre la sociedad contemporánea y su futuro.

«Blom es un gran escritor, de una inteligencia notable; su prosa es tan lúcida e inteligente como la de cualquiera de sus héroes del siglo XVIII. Y la lectura de Gente peligrosa no sólo es un placer, sino también una auténtica celebración de las alegrías verdaderas, materiales, que podemos encontrar en un universo sin dios» (Andrew Hussey, Financial Times).

«Philipp Blom regresa con una fluida, fascinante historia del salón francés del siglo XVIII que alojó a los más grandes nombres de la filosofía francesa... Un recordatorio ágil, de lectura irresistible, de que las ideas son apasionantes, y tienen consecuencias» (Kirkus Review).

«Un libro audaz. Philipp Blom desplaza del primer plano a algunas de las más famosas figuras de la Ilustración francesa -Rousseau y Voltaire-, argumentando que las ideas más radicales de Diderot y Holbach son mucho más importantes en nuestra época. Escrito con ritmo y brío, el libro evoca la efervescencia de los salones parisinos, vuelve a la vida a sus protagonistas -Diderot, Holbach, Rousseau, Hume, Madame de Geoffrin-, y pone carne y sangre en la historia del debate intelectual del siglo XVIII. Y a la vez que cuestiona la jerarquía oficial del panteón de la Ilustración, nos abre una puerta irresistible al ancho, apasionante mundo de la élite cultural y las ideas en las intrigantes décadas que precedieron a la Revolución Francesa» (Mike Rapport).



1. LA CIUDAD DE LAS LUCES

París es una metrópolis que ha atraído durante siglos a los brillantes y los ambiciosos. La vida de los protagonistas de esta historia se desarrolla en sus calles, en sus parques, sus cafés, sus salones y alcobas (y, de vez en cuando, en las fincas señoriales de los alrededores o durante un viaje al extranjero, a Inglaterra, a Italia e incluso a Rusia). Pero, por trascendentales que sean, los acontecimientos y las ideas que dieron forma a ese gran momento de la historia del pensamiento occidental tienen un centro inequívoco, una dirección definitiva, una calle y un número: en el centro de la Ciudad de las Luces, el número 10 de la rue des Moulins, a unos pasos del Louvre y de las hermosas columnatas del Jardin Royal. Allí se levanta una elegante casa del siglo xvii en la que vivieron el barón Paul Thiry d'Holbach y su mujer, y que durante un tiempo fue el epicentro de la vida intelectual europea. Algunas de las mentes más fascinantes del mundo occidental pasaron por el salón de D'Holbach para compartir las opíparas cenas y discutir ideas peligrosas lejos de la mirada pública. Es difícil imaginar otro salón que haya visto a tantas personas brillantes y oído tantas y tan vehementes discusiones.

El edificio rezuma callada seguridad y confort sin ser demasiado ampuloso y llamativo. La escalera sigue intacta: escalones de madera y hermosas barandillas de hierro fundido con un decorado de flores doradas conducen a rellanos con suelo de baldosas blancas y negras y al salón del primer piso, una espaciosa sala que da a la calle. Allí recibían los D'Holbach a los invitados y se celebraban las cenas. El salón no es en absoluto ostentoso, pero sí lo bastante amplio para dar cabida a una buena docena de personas alrededor de una gran mesa y dejar espacio para que los criados pasaran por detrás de los comensales. Los suelos de madera son de la época, el techo es alto, y los grandes ventanales inundan de luz la sala confiriéndo

Fuente de la noticia: El Boomeran(g)
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