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11 Febrero 2012
A propósito de la grave y profunda crisis que vive el mundo, José Hermida, que utiliza esas turbulencias como decorado para la acción de su nuevo libro, asegura que "estamos rodeados por ateos de aldea" y que, "indiscutiblemente", nos iría mejor

A propósito de la grave y profunda crisis que vive el mundo, José Hermida, que utiliza esas turbulencias como decorado para la acción de su nuevo libro, asegura que "estamos rodeados por ateos de aldea" y que, "indiscutiblemente", nos iría mejor "con más pensamiento y menos dogmatismo".

"Más filosofía, más reflexión. Más Confucio y menos Adam Smith", reclama Hermida, para quien vivimos momentos de "desinformación, de falta de conocimiento, de falta de elegancia,...".

Y de ambas cosas, filosofía y reflexión, hay, y en cantidad, en "Confucio y la máquina de café", editado por Temas de Hoy, un libro de "desarrollo personal" en el que su autor, especialista en motivación personal y comunicación, descubre "habilidades" para alcanzar una vida personal y profesional más plena y feliz.

Ya desde la portada del libro, Hermida, autor de otro éxito editorial, "Hablar sin palabras", interroga al lector sobre si sería capaz de cambiar el rumbo de su vida "en tan sólo tres días". Y la respuesta de Hermida, sin el más mínimo titubeo, es que sí, "incluso -dice- en un chasquido de dedos".

Al menos es lo que le sucede al protagonista de esta "fábula" trepidante y divertida que ha escrito Hermida, una "road-movie", dice, y que es la historia de Ernesto, un joven tartamudo, tímido, invisible para muchos, "entrenado para perder, sufrir, para tener un mal concepto de sí mismo,...", el último mono en la empresa de publicidad y relaciones públicas en la que trabaja, y que, casi, casi sin darse cuenta consigue dar un giro a su vida.

Un giro radical que le convertirá en una persona segura de sí misma, emocional y mentalmente fuerte, sin miedo, con sentido del humor, libre,...y sin problemas con el habla. Y en apenas setenta y dos horas, las que pasa junto a un sabio de la vida, el maestro Zhang, quien apoyándose en la filosofía china, en las enseñanzas de Confucio, le mostrará las herramientas que deberá utilizar para plantarle cara a las dificultades.

"Nadie puede saber quién es mirándose a un espejo. Se necesitan las miradas de los demás, y las interacciones con los demás. Si no tienes la suficiente confianza en tu personalidad, el escenario lo van a crear los otros. Y si es así, te pondrán una argolla en la nariz, como a un buey, y te llevarán donde ellos quieran", reflexiona Hermida.

De la mano de Zhang, el joven Ernesto aprenderá que la vida es cambio, lucha, "a veces física, a veces intelectual", placer, "a veces mental, a veces físico", y si hay algo que no es o no debería ser, "por definición", es "inercia".

Otra de sus lecciones se refiere a la ignorancia, que "se alimenta del egoísmo, y éste de la soberbia", de ahí que los ignorantes añadan la soberbia a sus defectos. Y al liderazgo. "Únicamente un líder de alto nivel -le dice el maestro al discípulo- tiene el honor de dirigir a personas que son mejores que él". Para Confucio un líder es todo aquel que puede tener bajo su tutela "un joven desvalido, el gobierno de una nación o el parto de una vaca".

Como "nada se aprende sin escuchar", Ernesto escuchará de Zhang que las dos mayores riquezas para el ser humano son el tiempo y la libertad, que no hay que tener miedo al enemigo, sino al propio miedo, que lo terrible no es sufrir sino acostumbrarse a sufrir, y que no hay que consentir que los pesimistas "nos contagien" su pesimismo.

Zhang logra convencer a su discípulo de que la soledad "es útil para reflexionar, pero no la mejor compañera para el hacer", que el tiempo más que enemigo es aliado y que la soledad no es "estar solo. Consiste en sentirse solo". Y que la elegancia "es una de las manifestaciones de la inteligencia".

Para José Hermida, profesor en escuelas de negocios y en la Nacional de Protección Civil, donde enseña comunicación a bomberos, policías, guardias civiles y a los militares de la UME (Unidad Militar de Emergencias), la escritura de este libro ha sido "sanadora", como confía que lo sea también para todos aquellos que se sumerjan en su lectura.

Reconoce que de joven, en los años de soberbia, fue Ernesto, aunque se propuso ser el profesor Chang. Como él, y a sus años, se reconoce "sabio en experiencia", si bien "hay que seguir trabajando, aprendiendo". "El libro me ha servido para que los restos de soberbia juvenil se hayan desvanecido en gran medida".

"El gran triunfo de un maestro es que llegue un momento en el que sea su alumno quien le enseñe. Es el triunfo absoluto", reconoce Hermida, quien como Chang tiene muy claro que solo se puede ser libre en la vida "cuando se tiene el poder suficiente para dar. Dar conocimiento, experiencia,...lo que cada uno tenga".
(Agencia EFE)

Fuente de la noticia: lainformacion.com
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