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9 Febrero 2012
La nueva novela gráfica de Seth, autor de «George Sprott», recrea con humor el mundo del coleccionismo de tebeos

Cuando alguien es capaz de hacer una obra maestra, sus siguientes pasos se esperan con expectación. Es el caso del canadiense Seth, seudónimo de Gregory Gallant, de cuyos lápices salió «George Sprott» (Mondadori, 2009).

Ahora el mundo particular de este autor, de líneas tan redondas como melancólicas, se enriquece con su nueva novela gráfica, «Wimbledom Green» (Sins Entido).

Lo que más llama la atención es que, según el propio creador, «se trata de una historia que comenzó como una especie de entretenimiento», cuyas viñetas iban brotando en sus ratos libres, pero que llegaron a convertirse en una obsesión de la que era incapaz de escapar. El resultado es tan atractivo como adictivo.

Así nace la narración de la misteriosa vida de «El mayor coleccionista de cómics del mundo», como explica su subtítulo. Sus páginas giran irónicas alrededor del mundo del coleccionismo, con esos «frikis» que revuelven rastrillos y almacenes en busca del ejemplar perdido del superhéroe olvidado. O capaces de pagar cantidades astronómicas por ese mismo número en reputadas casas de subastas.
Recuperar la infancia

Porque, eso sí, son «frikis» con mucho dinero. La visión humorística se ese extraño mundillo se ve teñida con una pátina de nostalgia, ya que en el fondo se trata de recuperar la infancia, ese glorioso momento en que, cada semana, se veían cara a cara con esos mismos seres superiores capaces de vencer el aburrimiento, el hastío, la vida solitaria... y conducir al pequeño lector hasta un mundo de fantasía donde, por fin, los buenos siempre ganan.

El relato, como ocurre en «George Sprott», va dando saltos temporales para ir juntando las piezas del puzzle que completan la biografía de un ser imaginario llamado Wimbledon Green, un coleccionista que nadie sabe a ciencia cierta de dónde ha salido, y que un día desaparece sin dejar rastro.

Y es cierto, se nota un dibujo y una estructura más apresurados, y una estructura más improvisada. De esta forma, como reconoce el dibujante, compartimos con él las sorpresas que nos va deparando el relato. Y bueno, este mismo cómic es obra para coleccionistas: su mismo formato, de tapas redondeadas y en relieve, lo hace único.

Fuente de la noticia: ABC
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