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25 Enero 2012
El escritor publica su nueva novela, «Pasajero K», un viaje entre las terribles y espesas tinieblas de la Guerra de Bosnia

Hay novelistas que quizá se esconden tras la ficción para no vérselas con esta realidad que tiende a ponernos los pelos de punta. Nos llevan a mundos que existen pero que no están en éste. Otros narradores prefieren tenerlas tiesas con un planeta y sus circunstancias que a menudo dejan cicatrices. Adolfo García Ortega no le vuelve la espalda al devenir de nuestros días por este valle de lágrimas. Puede ser Auschwitz, como en «El comprador de aniversarios». Puede ser el 11-M como en la hercúlea «El mapa de la vida». Puede ser la carnicería de Bosnia como en su nueva obra, «Pasajero K». (Seix Barral).

Un pasajero, un director de cine, que recorre la vieja Europa con la alargada sombra del criminal Karadzic pisándole los talones. A él y a la joven periodista Sidonie, quien tiene previsto asistir al juicio que el criminal serbio tiene pendiente en La Haya.

«Desde luego —explica Adolfo García Ortega—”El mapa de la vida” supuso una fuerte implicación emocional, por lo que significaba el 11-M, tanto personal como colectivamente. Ahora no ha sido igual, aunque creo que yo siempre me implico mucho psicológicamente con lo que escribo. En este caso, me he sentido muy interpelado por la realidad, como europeo que vive, que ve, que entiende y siente lo que pasa en el continente».

K de «kaos»

Parecía que con la II Guerra Mundial lo habíamos visto y sufrido casi todo, cuando tuvo que llegar la guerra de Bosnia para comprobar que el terror continuaba habitando entre nosotros: «El mal ha existido, existe y existirá siempre, casi diría que es lo único que existe, porque el bien más parece una entelequia que los seres humanos nos hemos inventado para intentar paliar el efecto autodestructivo de nuestra especie. Lo de Yugoslavia fue hace 20 años y sacó a relucir fantasmas que creíamos que habían muerto, pero lo más preocupante es que de nuevo están ahí la intolerancia, el nacionalismo, el enemigo que es el diferente, el otro. Parece que aunque pasen las generaciones Europa no escarmienta y estuviéramos siempre en el mismo punto».

Desde que uno cae sobre esta novela sabe que esa K del pasajero tiene mucho que decir. K por el apellido del protagonista, Kuiper, el aguerrido ciclista («es el deporte que mejor refleja la vida», dice García Ortega, gran aficionado al mundo del pedal), K de Karadzic y hasta K de Kafka aunque sea de refilón: «Kafka es el símbolo de la Europa de los perdedores. Siempre han existido grandes perdedores en Europa, marcados por la intransigencia y la intolerancia. Kafka dejó apuntado un mundo de luces y de sombras, de monstruos físicos y mentales que siguen entre nosotros».

Adolfo García Ortega (Valladolid, 1958)

Fuente de la noticia: ABC
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