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5 Enero 2012

Umberto Eco cumple 80 años. En Estados Unidos le dedicarán un volumen en la prestigiosa «Biblioteca de los filósofos». Será un libro imponente de más de mil páginas, en el que opinarán los mayores escritores e intelectuales sobre la obra literaria y filosófica de Eco.

Eco comenzó su andadura profesional en la Radiotelevisión pública italiana (RAI) como pequeño funcionario: «Me dedicaba a corregir textos inmundos de colaboradores democristianos, poniéndolos en buen italiano. En esa época se hacían programas inifitamente más bellos que los de ahora. Pero el ambiente era de una oscuridad terrible, gobernado por fascistas y masones». Cuenta que nunca imaginó escribir un libro de masas: «Cuando terminé “El nombre de la rosa” pensaba darlo a una editorial para que hicieran solo 3.000 copias», cuenta Eco a «La Repubblica». Pero las copias se convirtieron en millones: «Para mí fue un misterio. Al cual hay que añadir otro enigma. Todos dicen que mis novelas están llenas de erudición. Hay una sola en un ambiente contemporáneo, “La reina Loana”, publicada en 2004. Pues, de todas mis novelas, esa es la que ha vendido menos. Por tanto, debo pensar que soy un escritor para masoquistas».

Capón de un estudiante

Umberto Eco afirma que sus novelas «deben mucho más al cine que a la literatura, porque su gramática, el montaje, el juego de los primeros planos son indisociables de mi forma de construir una novela». A sus 80 años, se presenta con una curiosidad: se ha cortado la barba. «Con el bigote negro y la barba blanca, parecía Gengis Kahn cabreado. Así que me la he cortado».

El eximio escritor habla en la entrevista de su pasión por la enseñanza: «Mantengo un contacto afectuosísimo con todos mis estudiantes». Ante esta afirmación tajante de Umberto Eco, uno de sus exalumnos, Palmieri Tancredi, ha escrito una carta a un famoso diario digital, regañándole: «Fui a Bolonia para estudiar con él, haciendo un sacrificio mi familia, como la de otros estudiantes, pagando una tarifa altísima. Soñaba con tenerlo como profesor, con acercarme a él. Pero las lecciones las daban sus ayudantes. A mí no me dio ni una. En tres años lo vi solamente una vez… fuera de clase».

Fuente de la noticia: ABC
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