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14 Diciembre 2011

Acercarse al laberinto de Oriente Medio puede provocar vértigo desde Occidente. La novela gráfica se postula como una inesperada aliada para intentar recomponer este puzzle del que ahora se ofrecen dos nuevos piezas: "Crónicas de Jerusalén" de Guy Delisle y "El coche de Intisar" del dúo español Riera-Casanova.

La "Intisar" que da nombre a la obra es una joven yemení que no se resigna a perder sus libertades, una chica que quiere tener los mismos derechos que sus hermanos varones, que conduce a toda velocidad por las calles de Saná, cubierta con un Niqab que apenas deja al descubierto sus ojos, mientras escucha el "If I were a boy" ("Si yo fuera un chico") de Beyonce a todo volumen, comiéndose su rabia, cigarrillo tras cigarrillo.

La idea de "El coche de Intisar" (Glénat) le surgió a Pedro Riera, un publicista barcelonés de 46 años muy vinculado al mundo del cómic, durante su estancia en Yemen, donde viajó acompañando a su mujer por cuestiones laborales.

A su llegada al país, se encontraron con la realidad de una sociedad rígidamente segregada por géneros. "Antes de ir ya nos habían advertido que hombres y mujeres hacían vidas completamente aparte, pero lo que vimos nos dejó perplejos. En todo el tiempo que estuve allí, sólo conseguí hacer cuatro amigas yemeníes, y a dos de ellas las tenía que ver a escondidas", explica a Efe.

Su mujer, por el contrario, se hizo con un gran grupo de amigas, que le contaban historias que ella luego explicaba a su marido al volver a casa, que se sintió fascinado por ese mundo y comenzó a investigar y pudo hacer cerca de cuarenta entrevistas con las que componer el personaje de Intisar, la hija de un traficante de armas de doble moral y doble familia.

Riera, que se estrena aquí como guionista -aunque conoce a fondo la estructura del medio ya que suele trabajar también traduciendo cómic-, evita en lo posible el tono dramático y opta por dar la voz de la mujer yemení. "Lo que aparece no son mis opiniones, he dejado que fueran ellas las que hablaran y son ellas las que tienen ese sentido del humor a la hora de afrontar la realidad", asegura.

Riera recalca que el proyecto se forjó en 2009, antes de la llamada primavera árabe, y destaca también la casualidad de que la finalizaran el pasado octubre, coincidiendo con la concesión del premio Nobel de la Paz a la yemení Tawakkol Karman, por su defensa de los derechos humanos de la mujer.

El zaragozano Nacho Casanova, de 39 años, aceptó de inmediato la propuesta de su amigo Riera de trasladar a viñetas las historias que le iba contando por e-mail desde Yemen.

"Pedro vino con un montón de información tanto en foto, como en vídeo y prácticamente todo lo que queríamos que saliera en el cómic estaba plasmado en esa documentación; aunque me hubiera gustado ir allí, forma parte de mi trabajo el dibujar cosas que no he visto", argumenta la otra rueda de este proyecto.

Con "Intisar", Riera y Casanova se unen a la corriente de autores, como los norteamericanos Joe Sacco ("Notas al pie de Gaza") y Sarah Glidden ("Una judía americana en Israel") o el francocanadiense Guy Delisle, que publica este mes "Crónicas de Jerusalén" (Astiberri), que han comprendido que el cómic es un medio muy sutil para explicar realidades poliédricas.

"El cómic ha ganado ese espacio, y seguramente esta misma historia si la hubiéramos escrito en un ensayo, no sé si llegaría a menos gente, pero sí a otro tipo de público", afirma Riera, admirador de el estilo narrativo de Guy Delisle.

Este autor canadiense (Quebec, 1966) ha hecho de los viajes que le han llevado por todo el planeta la columna vertebral de sus novelas gráficas más conocidas.

Aprovecha sus desplazamientos por motivos de trabajo o las misiones de su mujer, miembro de la ONG, Médicos sin fronteras, para acompañarla. De esas estancias han surgido verdaderas obras maestras de este curioso reporterismo en viñetas: "Shenzhen", "Pyongyang" y "Crónicas Birmanas" (todas en Astiberri).

En su última entrega, "Crónicas de Jerusalén", que sólo hace unos días que está en el mercado, ofrece su personal visión de uno de los conflictos más enquistados de la historia.

Y lo hace de la forma tangencial y humorística que le caracteriza, con un relato doméstico de su día a día, mientras cuida de sus hijos, cocina o vagabundea por la Ciudad Santa y sus alrededores para intentar dibujar, comprobando las dificultades de llevar una vida normal en territorios delimitados a golpe de cartabón y donde moverse es un lujo para una parte de la sociedad.

Fuente de la noticia: ADN
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