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14 Diciembre 2011
Carmen Posadas, escritora, publica con su hermano Gervasio «Hoy caviar, mañana sardinas»

Publica con su hermano Gervasio «Hoy caviar, mañana sardinas» (Planeta), deliciosas y divertidas memorias diplomáticas en el tardofranquismo.

Yo llegué a Madrid con 12 años y Gervasio con 3. Lo que más me impresionó era lo atrasada que estaba España con respecto a Uruguay, los coches, las calles, los pocas luces que había...

—Y de Madrid al frío de Moscú. ¿Helador?

—Era como vivir en una película de espías, con la casa llena de micrófonos y coches siguiéndote cuando salías de casa. Los desfiles eran realmente impresionantes, con cabezas nucleares cargadas en enormes camiones y miles de soldados desfilando bajo la nieve. Te hacían tener muy presente la posibilidad de una guerra. Y no fría, precisamente.

—Su madre decía que el amor es como un suflé (ora crudo, ora se quema). ¿Y la vida diplomática?

—Como un suflé, pero de otra forma: cuando las cosas salen bien es ligera y agradable, aunque también un poco hueca, rellena de aire. Cuando las cosas salen mal, tienes que reinventarte.

—Un día el diplomático toma caviar en una recepción del Kremlin o el té con la Reina de Inglaterra, y a la mañana siguiente come un bocadillo de sardinas...

—La vida del diplomático es una renuncia permanente: a una vida estable, amigos, hijos, cuando eligen quedarse en otro país; a tus posesiones personales, que acaban perdiéndose en las mudanzas. Es especialmente difícil para los consortes de los diplomáticos porque no pueden trabajar por cuenta ajena y se dedican a la representación oficial sin ninguna contrapartida. Pero es una vida mucho más interesante y llena de experiencias que la de la mayoría de las personas.

—¿Qué enseñanzas no olvidará jamás de sus padres?

—Que nada es para siempre. Mientras que las personas que tienen una vida más sedentaria están menos preparadas para el cambio, mis padres me enseñaron a esperarlo y a disfrutar de él.

—¿Qué anécdota no borrará la arena del tiempo?

—La que más nos hace reír cuando la recordamos en casa es el stripteasede nuestra madre ante la Reina de Inglaterra. Durante la presentación de credenciales de mi padre, mi madre hizo una reverencia y al agacharse se le enganchó la cadena que llevaba al cuello con la falda. La cara de la Reina era un poema. Afortunadamente, mi madre llevaba combinación debajo del vestido.

—Hoy se ha instalado entre nosotros un familiar de «riesgo»: la prima. ¿También en la diplomacia?

—Siempre ha sido una profesión de riesgo, tanto por los destinos como por ser un fácil objetivo para atentados terroristas. Ahora el riesgo viene también por la crisis, los recortes que están dejando sin personal las embajadas.

Fuente de la noticia: ABC
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