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17 Octubre 2011
¿Un genio? ¿Un engatusador? ¿Un buen escritor en decadencia?. Juan Bonilla y Javier Calvo discuten el caso del autor de Brooklyn

Paul Auster, inevitablemente asociado hasta ahora con el sello Anagrama, pasa a difundirse en formato bolsillo por Seix Barral. Reconocible y anual como los anuncios de lotería navideña o como las películas de Tim Burton, este Príncipe de Asturias de 2006, en amarillo (colección 'Panorama de narrativas') y en colorines (colección 'Compactos'), ha ido pasando por innúmeros cerebros lectores. Azares y enigmas de escritores que escriben de otros escritores que al final igual son ellos mismos, gente que se muda del Greenwich Village al Upper East Side de Manhattan porque se divorcia o porque quiere terminar una tesis posdoctoral en Columbia sobre Thoreau (envueltos en unos azares también) y que sacan fotos en blanco y negro, fascinados de un modo u otro con el anonimato. O enigmas humanos parientes de los personajes de Wakefield de Hawthorne, o el Bartleby melvilliano. Ficciones éstas que transmiten la primera extrañeza americana decimonónica hacia el pujante fenómeno urbano. Las montañas de ventanas encendidas y apagadas o ese vecino que quizá sea un holograma. O'Henry, Joseph Mitchell y Paul Auster... Nueva York como una gran jungla exótica. Raramente pasan por alto estos nombres antedichos las guías de viajes a la gran ciudad.

Cuenta el escritor Juan Bonilla a elmundo.es: "Me parecía un autor formidable, me encantaba Auster, pero no sé si porque era un autor formidable o porque yo era un joven encantado de ser impresionado que veía en su modo de narrar y en sus historias un ejemplo asequible (en la misma medida que me parecía inasequible el estilo de Martin Amis). Eso me hace pensar que quizá Auster es un autor para jóvenes, aunque parezca muy traído por los pelos, por el mero hecho de que cuando devoraba sus novelas yo era joven".

El también novelista Javier Calvo también se moja: "No soy muy fan de Auster, la verdad. 'El país de las últimas cosas' me pareció un Ballard light, y 'Mr Vertigo' me parece directamente realismo mágico. 'Trilogía de Nueva York' no me interesó nada. Supongo que la mejor que leí fue 'El palacio de la luna', pero hace muchísimo tiempo. No sé, tiene algo de narrador amable que me repele. Su faceta de cineasta es completamente risible".

¿Decadencia, alguien dijo decadencia?

Fans o detractores aparte, la carrera de Auster sigue, según muchos (muchos de sus fans y todos sus detractores) la trayectoria triste del declive. 'Viajes por el Scriptorium', 'Un hombre en la oscuridad', 'Invisible'... traducidos por Benito Gómez Ibáñez. Comenta Bonilla: "Puede ser, de todas maneras, que, en efecto, el Auster de los 80 y principios de los 90 fuera muy bueno e indispensable, y ese resplandor se haya ido apagando a lo largo de la década de los 90 y de la década pasada con historias muy endebles, y una especie de cansancio autorreferencial, por decirlo muy malamente, a pesar de los cánticos exaltados y un poco deprimentes que corean la aparición de sus libros".

Como con sus otros autores, como todas las editoriales, Anagrama siempre selecciona elogios efusivos, vibrantes, cósmicos y campanudos sobre las publicaciones más recientes de Auster, escritos críticos literarios de EEUU, generalmente. A veces de Francia o de Alemania. Muchas 'Reviews', 'Telegraphs', 'Magazines', 'Times' e 'Independents'. A coro. Ya saben, comparaciones obligadas con Kafka, Proust, Borges, Nabokov, Cervantes, Flaubert o Perec. Aquí una de las que se recoge en la contraportada del último título (un poco pocho), 'Sunset Park', negro sobre amarillo (Arifa Akbar, de 'The Independent'): "Se habla de Paul Auster como del maestro posmoderno de la metanarrativa, con su maraña de relatos dentro del relato, pero él prefiere citar como fuente de inspiración a Emily Brönte antes que a Baudrillard".

El austerismo

¡Ah, nos dejábamos el posmodernismo! Dice Javier Calvo: "Hace 10 o 20 años que ya nadie habla de posmodernismo, por lo menos en América. Otra cosa es en España. En todo caso, es un tema muy turbio para mí. Yo diría que la narrativa posmoderna tenía más que ver con el academicismo y el elitismo, y Auster está bastante lejos de esas dos cosas". ¿Dónde está Auster pues? Habla Bonilla: "Está fuera de toda discusión que es un narrador muy hábil, que maneja excelentemente las herramientas necesarias para construir una historia, que en sus mejores momentos hechiza. Ha edificado así algunos personajes memorables (bueno, no sé si son memorables o no, lo que sé es que yo me acuerdo de ellos). Ahora me aburre un poco o un mucho, pero no sé si es culpa suya o de la palada de años que me han caído encima".

¿Y los grandes títulos, la gloria austeriana de los años 80? "Creo que sus grandes novelas son 'Leviatán' y 'El Palacio de la Luna', también el libro sobre el padre, 'Creí que mi padre era Dios'... Tendría que releer 'El país de las últimas cosas' y 'La música del Azar' para comprobar si siguen siendo tan buenas como me lo parecieron cuando las leí". Nueva York, realismo mágico. Adiós, simpáticos y austerianos 'Compactos. Anagrama', que os rompíais de un modo tan increíblemente fácil.

Fuente de la noticia: El Mundo
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