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10 Mayo 2011

Madrid, 10 may (EFE.- Félix Grande llevaba 40 años sin escribir poesía, hasta que una reciente visita al campo de concentración de Auschwitz le inspiró el estremecedor poemario "La cabellera de la Shoá", la gran novedad del volumen que reúne toda la obra poética de este creador y que está "lleno de madre, de espanto y de compasión".

"Las palabras me salvaron la vida; me ayudaron a ser menos desdichado cuando mi madre, destrozada por la guerra civil, amenazaba con tirarse al pozo o con ahorcarse del árbol del patio", aseguraba hoy este poeta y narrador al presentar la nueva edición de "Biografía (1958-2010)", el título que Grande ha ido dando a las diferentes recopilaciones de su obra poética.

El libro ha sido publicado en la cuidada colección de poesía de Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, y fue presentado hoy ante la prensa por el propio poeta, por el director de este sello, Joan Tarrida, y por el crítico literario Ángel Luis Prieto de Paula, autor del prólogo.

Desde aquel homenaje inicial a César Vallejo que era "Taranto", de 1961, toda la poesía de Grande (Mérida, 1937) "es confesional y patética, porque se nutre de sufrimiento y de compasión", afirmaba Prieto de Paula, tras destacar que el escritor extremeño "nunca abjuró de la voluntad de subvertir la realidad", incluso cuando la poesía social "había entrado ya en declinación".

Aunque por su fecha de nacimiento Grande no pertenece exactamente a la generación de los "niños de la guerra", cuyos miembros habían nacido unos años antes, hoy aseguraba que tiene "una relación con la guerra absolutamente inexorable".

Cuando comenzaron los enfrentamientos bélicos, a su madre "se le puso de pie una palpitación nerviosa que nunca la abandonó". Creía que su marido caería en el frente "en cualquier momento, defendiendo la República".

Pero el padre de Félix Grande sobrevivió y, tras la guerra, la familia dejó Mérida y se reunió en Tomelloso (Ciudad Real). Su madre "nunca levantó cabeza, se convirtió en un ser prácticamente griego, en el prototipo de una criatura nacida para sufrir, para conocer y propagar el terror", contaba el poeta.

"De manera que sí soy un 'niño de la guerra'", aseguraba. Y todo lo que tiene que ver con su estética, incluida la búsqueda de sus maestros, como Antonio Machado y César Vallejo, "que ha llevado el castellano a precipicios a los que no había llegado nunca", tiene que ver "con el espanto" que le comunicó su madre, incluso antes de que él naciera.

Para combatir ese espanto, encontró "las palabras y unos cuantos maestros, como quien encuentra un oasis", y encontró también "una manera de pensar, una ferocidad por la defensa de la democracia" precisamente porque nació en la guerra.

"Y eso hace que el contenido de este libro esté lleno de madre, lleno de espanto y lleno de compasión", decía hoy este poeta con su voz grave y envolvente.

No es fortuito que esta nueva edición de "Biografía" termine con "La cabellera de Shoá", cuyo protagonista es el nazismo, "el acontecimiento más ininteligible y pavoroso de la historia de la humanidad". "Creo que Auschwitz parte en dos la Historia".

Premio Nacional de las Letras, Félix Grande había ido en dos ocasiones a Polonia, pero no había visitado Auschwitz, "quizá por cobardía". Cuando lo hizo, él creía que sabía "casi todo" sobre ese campo, pero no era así.

Hubo muchas cosas que le sorprendieron, en especial "el escaparate de cristal" que vio en uno de los barracones, tras el cual había "una mata de pelo de mujer de 1.950 kilogramos". Era el pelo cortado a las mujeres deportadas al campo, de un color "imposible de definir".

Al poeta extremeño le temblaron "las piernas" y decidió escribir "La cabellera de la Shoá", "la trenza simbólica formada por los cabellos de las víctimas de la barbarie nazi". En cierto modo, Grande nunca había estado de acuerdo con la frase de Theodor Adorno: "Después de Auschwitz no se puede escribir poesía".

Grande tiene en puertas un nuevo libro, que aparecerá en Visor. Disfruta "mucho" con cualquier género que aborde, pero "hay algo distinto en la palabra poética".

"La poesía viene cuando uno se lo merece, cuando uno está en disposición de coraje e inocencia suficientes como para que las palabras vengan a quedarse durante una temporada", decía el autor de "Blanco spirituals", que se considera "un aprendiz de discípulo de poeta"..

Fuente de la noticia: ADN
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