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18 Abril 2011
Portis fue monaguillo antes que monje, ejerció de periodista antes de ser escritor. Le comparan a Twain y vive a lo Salinger: no se esconde, pero rechaza la publicidad

El éxito de los hermanos Coen ha vuelto a poner de actualidad a uno más de esos escritores estadounidenses de culto a los que se califica de esquivos. Raros.

Charles Portis, autor de la novela Valor de ley, no goza de la condición pynchoniana de oculto radical. Pero forma parte del colectivo de escritores elusivos a los que el éxito no les enloquece y evitan el público. Salinger, Thomas Pynchon, Harper Lee, Cormac McCarthy, Don DeLillo.

El mito Portis incorpora la variante de que hizo de monaguillo antes de ser monje. Durante años ejerció de periodista. “Esa es una visión acertada”, responde Mark Smirnoff, fundador y editor de la revista Oxford American al plantearle que este narrador conoce bien la voracidad de los medios.

“Ahí puede estar la explicación. A él le gustaba el reporterismo porque no estaba en el centro de atención, sólo observaba”, añade Smirnoff, uno de los afortunados que comparte cervezas con Portis en Little Rock (Arkansas).

A finales de los años 50 incluso dejó su ciudad para instalarse en la Gran Manzana. Trabajó en el The New York Herald Tribune, donde coincidió con Tom Wolfe. “Tom y Lewis Lapham eran nuestros mejores escritores. Los buenos escritores no siempre son buenos reporteros. Ellos sí”.

Así se expresa en una charla con Roy Reed, un ex colega de la Gazzette, el diario local que le proporcionó el billete para Manhattan. Esta conversación, de mayo del 2001, aparece recogida en la “web no oficial” del autor.

Como redactor del Herald entrevistó a Malcolm X. Le requirió por la razón de suprimir su apellido y conservar el nada africano nombre de Malcolm. Le respondió que los esclavistas impusieron un apellido a su madre, mientras que el Malcolm lo eligió ella.

Otro de sus hitos fue el encuentro con Salinger, según la versión del profesor William Vesterman, de la Universidad de Rutgers. Aprovechó que viajaba en el mismo avión para formularle unas cuantas preguntas al que se ha convertido en el padre de los escritores esquivos. La muerte de Salinger en febrero del 2010 desveló que el autor de El guardián en el centeno no era un eremita que había renunciado a la sociedad. Sólo se limitó a rechazar la gloria mediática. Sin embargo, en Cornish (Nuevo Hampshire), se relacionaba con sus vecinos, quienes conocían su identidad.

Charles Portis, de 76 años, se mueve por esta misma senda. “Evita las entrevistas –subraya Smirnoff–, lo que no significa que no hable con periodistas, aunque raramente o nunca lo hace para que se publique nada. Él es tímido, pero muy amigable”.

En abril del 2010 aceptó recoger el premio que le concedió la revista Oxford American (ver fotografía en esta página) como reconocimiento a su carrera literaria. Valor de ley (True grit) salió a la luz por entregas en el The Saturday Evening Post en 1968.

La escritora Donna Tart sostiene que Mattie es un personaje comparable al Huckleberry Finn de Mark Twain. Smirnoff comparte esa opinión. “Portis es tan divertido como Twain y parecido en su estilo claro y llano. Haymuchos momentos en que pienso que Valor de ley es tan enorme como las aventuras de Huck”.

El relato cayó en el olvido. Hasta que que, en la década de los noventa, el editor Peter Meyer, de Overlook Press, leyó un artículo en que se afirmaba que Portis era uno de los grandes de la literatura de Estados Unidos. True Grit vendió 45.000 copias entre el 2002 y el 2009. Las ventas se han disparado a partir del estreno de la traslación de los Coen.

Además de esta novela doblemente cinematográfica –John Wayne protagonizó la versión de Henry Hathaway de 1969–, Portis publicó otros cuatro relatos. Dicen que ahora llevan quince años trabajando en otra historia.

El caso es que, en abril del 2010, aceptó recoger el premio. Acudió trajeado, pero desapareció a media cena. Se marchó a su casa, sin esperar a recibir el galardón. Se puso a ver baloncesto.

Smirnoff, el anfitrión, lo confirma. “Que Portis se fue es cierto. Pensó que ya había hecho todo lo necesario. Cuando regresó, porque le llamó un amigo, ya iba vestido más deportivo. A mí me gusta porque es muy auténtico y no se da aires de superioridad”.

A Portis no le gusta hablar de literatura ni de su obra. “Es lo mismo que se decía de Faulkner”, indica el amigo. “Supongo que ellos ponen mucho cuando están escribiendo y cuando acaban aprecian el silencio”.

Pero no rechaza tomar una Budweiser y conversar. “Es muy divertido –asegura Smirnoff–, un hombre humilde. Sus ojos a veces me ponen nervioso porque, para mí, dicen muchas cosas”.

Aventuras y personajes raros

Los expertos consideran que, al revés de otras novelas cargadas de humor, el truco de las de Charles Portis es que pretenden ser serias. Sin embargo, están llenas de acontecimientos raros y personajes que todavía lo son más.

Valor de ley.
De la novela que tanto los Coen como antes Hathaway han seguido al pie de la letra, aunque el relato literario es más rico y profundo, ya se sabe que es una historia del oeste. Mattie Ross, una niña de 14 años, sale en busca de justicia para el asesino de su padre. Se asocia a un marshall tuerto, de gatillo fácil y borrachín.

Norwood.
Es su primer relato (1966) y también tuvo versión cinematográfica en 1970, con Glen Campbell de protagonista. Norwoo Pratt viaja desde Texas a Nueva York para cobrar una deuda de 70 dólares y así poder comprometerse con la chica que conoció en un autobús.

The dog of south.
La publicó en 1979 y es la favorita entre sus admiradores. Es una road movie en la que Ray Midge conduce hasta México, desde Little Rock (Arkansas), en búsqueda de su mujer, que ha huido con su primer marido y el Ford Torino de Ray. En verdad, lo que quiere es recuperar su Ford Torino.

Master of Atlantis.
Relato de 1985 en el que dos personajes crean la Gnomon Society, una organización esotérica cuyo objetivo último es dar con la ciudad perdida de la Atlántida.

Gringos.
De 1991, cuenta la historia de un expatriado estadounidense en México que hace amistad con unos locos por los OVNIS y arqueólogos en busca de una ciudad maya desaparecida.

Fuente de la noticia: La Vanguardia
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