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7 Marzo 2011
La escritora cubana cuenta su historia de desamor con la Revolución

"¿Cómo escribir este libro sin que sea una novela?¿Y cómo no serlo si todo lo que dejó de ser real entra en el campo de la ficción?"

Son dos líneas extraídas de 'Espero la noche para soñarte, revolución' (El olvido azul), de la poeta y novelista cubana Nivaria Tejera (1929), libro melancólico, híbrido de varios géneros, exuberante de palabras, cambiante e indeterminado de espacio y de tiempo. Con el fondo doliente del repudio de otros cubanos a la disidente que fue ella (aquí entre espejos y distancias). Pero si hay que quedarse con un género, diríamos que son unas memorias poéticas; su escenario difuso abunda, sobre todo, en calles y galerías de París, en los años 60.

"La mía una escritura de asociaciones, de tiempo y espacio. Es el esfuerzo creador el que recompone", explica la veterana poetisa. 'Espero la noche para soñarte, revolución', que apareció por primera vez en 1994, editado en Miami, es un retorno a los tiempos en que la escritora fue agregada cultural de la diplomacia de la Cuba revolucionaria en Francia. Una etapa que terminó en 1965, cuando rompió lazos políticos con su país. "Había persecuciones de uno a otro. Injusticias a nivel humano. Estábamos delatándonos unos a otros", recuerda Tejera de su tiempo en la embajada. Para referirse a la Revolución, habla de 'la señora', para referirse a ella misma, como escritora, dice: 'el escritor'. Así: "El escritor que yo quise ser", como dice a elmundo.es, riñó pronto con 'La señora', reina de Cuba.

Unas palabras de 'Espero la noche...': "Sí, el marxismo por procuración ha atravesado los cuerpos y las mentes como una gruesa barra de acero inoxidable y los mantiene en vilo, a distancia". Todo en la isla está "stalinificado". La palabra es suya.

Este viaje (como su trayectoria de entonces) está salpicado de viajes en tren que salen o entran en Brujas, en Roma, y de lienzos de Lucas Cranagh o del Bosco que se van hilando en esta plástica de imágenes y prosas poéticas que tan pronto se interrogan a sí mismas como interpelan al lector, como se evaden por vericuetos de personajes. O toman forma de elegía política, como contaminada de malos fantasmas de las cárceles: "He estado bloqueada por la desmedida política. He querido comunicar eso". La política se ha metido por la vía de los daños y las afrentas personales y se le ha hecho indebidamente íntima. ¡Con lo feliz que hubiera estado escribiendo de artes y bellas letras!

"Mi padre fue a la cárcel cuando yo era una niña, cuando nos habíamos ido a vivir a Tenerife. En la Guerra Civil". Después fueron vivir a Cuba. Antes de 'La Señora', ya iba surgiendo 'El Escritor'. Más palabras de 'Espero la noche...': "Haber aclarado que, para mí, una revolución toma fin con su primer fusilamiento, ese primer acto de poder que involucró a los millones de habitantes de la isla: encarlear, torturar y fusilar a todos los del régimen al que sustituían". Tejera se acuerda de las voces singulares que cocharon contra 'La Señora' stalinizadora, como Heberto Padilla.

Queda la singularidad personal frente a la estratificación de 'la señora'. "Ya no hay discusión en Cuba", escribe. Sólo está el "sainete de buen tono". Escribe sobre un compañero suyo: "Qué descanso leer a un escritor sin clichés que no escribe ni para su época ni para nadie". "No sé si tengo influencias. He sido un escritor que... que he querido descascarillarme de influencias. La poesía ha sido mi guía. La poesía es mi comportamiento. El estado filosófico del momento". Dice: "Mi escritura es un vértigo". Una partida de ajedrez imaginada de el Escritor y la Señora, como si fuera el Antonius Block y La muerte del 'Séptimo sello'.

Fuente de la noticia: El Mundo
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