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12 Octubre 2010
Los hijos de la inmigración se revelan como un filón en la Feria del Libro de Fráncfort, que ayer cerró sus puertas

Lo denigrado en sociedad resulta precioso a la literatura: la inmigración. Ejemplo es que tres de las seis grandes novelas de este año en el ancho mundo alemán, finalistas al premio Nacional de las Letras, están escritas por gentes que traían en sus maletas otras palabras, acento y musicalidad. Pocos explicarían mejor la combustión que Argentina, literatura invitada a la mayor Feria del Libro del mundo: «¿Qué es si no el tango?», pregunta Claudia Piñeiro, que presenta la sobrecogedora «Tuya».

La ganadora en 2010 del premio alemán del libro, Melinda Nadj Abonji, nació en 1968 en un país que ya no existe, y dentro de una minoría incómoda: es húngara de la antigua Yugoslavia. De esa descomposición del mapa del imaginario habla una novela de exilio, transformada en joya literaria. «Soy una húngara serbia que vive en Suiza y ama tanto la lengua alemana como la húngara, aunque no sé el serbocroata...» Lucha por conquistar el futuro, nostalgia de lo de-saparecido, lo que queda en la maleta, el obstáculo de la incomprensión y la xenofobia, la inopinada recreación identitaria: «Un día quienes éramos yugoslavos pasamos a ser pertenecientes a minorías, caracterizadas por distintas lenguas y diferentes confesiones». Por encima de todo, el tema subyacente para muchos amantes de la palabra, que «es lo que somos los literatos», es el esfuerzo expresivo «para las personas que dejan de hablar la lengua materna».

Los otros finalistas no nacidos en Alemania son el praguense Jan Faktor (1951) y el israelí Doron Rabinovici (1961). Éste ha escrito apropiadamente «Otro lugar», sobre la búsqueda de la identidad judía al través del culto a la memoria, mientras el checo vuelve a la Praga de 1968 a recoger los pedazos destruidos bajo los carros soviéticos. La crítica y presidenta del jurado, Julia Encke, rechaza el concepto de «literatura de inmigrantes» y destaca «cuántas partes del mundo encajan hoy en la literatura alemana». Ya Ilija Trojanow (Sofia, 1965) o Feridun Zaimoglu (Bolo, Turquía, 1964) son dos de los autores alemanes de más éxitos, el ruso Wladimir Kaminer (Moscú, 1965) publicó en alemán su popularísima «Discoteca rusa», apenas a los 10 años de pisar Alemania, y el italiano nacido en Estocolmo Giovanni di Lorenzo dirige el semanario de mayor prestigio germanohablante «Die Zeit».

Mestizaje literario

También la literatura en Francia hace tiempo que tiene innumerables apellidos magrebíes, eslavos y africanos y el libro británico o la BBC tienen rostros y acentos de todo el mundo. Las grandes letras argentinas, junto a Hernández, Borges o Cortázar, las han escrito nombres no hispanos como Storni, Walsh, Wember, Ocampo, Sicardi, Hudson, Bayley, Isaacson, Pizarnik, Lynch, Conti, Giardinelli o el propio Juan Gelman, considerado uno de los mayores poetas hispanos.

Osvaldo Bayer, autor de «La patagonia rebelde», y de origen alemán, recuerda que uno de los cuatro gigantes de las letras argentinas ha sido el también alemán Rolberto Arlt; como lo es ahora el chileno Carlos Franz. «En 1914, el 30% de los argentinos eran inmigrantes», añade la comisaria de la muestra argentina, Magdalena Fallaice. «La literatura argentina es casi una literatura europea», opina Michi Strausfeld, la descubridora en Alemania del «boom latinoamericano»; es «una literatura que bajó de los barcos», una idea que recoge en su última antología de la región: «Barcos de fuego». La escritora Claudia Piñeiro cree que «la literatura es algo que siempre gana con la mezcla, todo suma», y cree que los problemas de integración en Europa parten de «una falta de preparación para aceptar esa suma. Ustedes creen que el que viene es para llevarse algo; no creen que algo les traen también. Nosotros, en cambio, lo absorbemos todo».

En Alemania, la Fundación Bosch ha creado ya hace 25 años el premio Chamisso para escritores en alemán de otra lengua vernácula. Su primer ganador fue el turco Aras Ören, y entre los últimos, se encuentra la porteña María Cecilia Barbetta («Sastrería Los Milagros») y la húngara Terézia Mora, «autores criados en otra lengua pero que han optado por expresarse literariamente en alemán», dice Martina Sulner, «lo que no supone renuncia a sus raíces sino enriquecimiento de las nuevas». Ejemplos recientes son el georgiano Nino Haratischwili y el iraquí Abbas Khider.

Fuente de la noticia: Diario ABC
PREMIOS LITERARIOS POR ORDEN ALFABETICO
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