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9 Septiembre 2010
Con el sugerente título 'La luz es más antigua que el amor', el autor se olvida de su trilogía sobre el mal y se ocupa de la trascendencia del arte

La luz existe mucho antes que el hombre, mucho antes que la escritura y que el arte. La luz recuerda al ser humano su nulidad, que es un fogonazo irrevocable. La luz es más antigua que el amor es la imagen que Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971) ha utilizado para el título de su nueva novela, que publica Seix Barral, para hablar de "la grandeza del artista empeñado en que su mortalidad se vuelva imperecedera gracias a su obra". Es una imagen mucho más cruda de lo que parece.

Después de su tan celebrada trilogía dedicada al mal: Defensa (2007), Derrumbe (2008) y El corrector (2009), la nueva novela del escritor significaba uno de los hitos del arranque de la temporada editorial por ver con qué asunto volvía y cómo respiraría su verbo tras encararse con el lado más feo de la Historia. Lo ha hecho con un relato protagonizado por tres pintores y un escritor, para enseñar que el arte consuela y nos libra de la aflicción de un mundo absurdo.

"Me importa mucho, y mucho, la trascendencia artística"

¿Paños calientes después del horror? "No necesariamente. Muchos de mis temas más queridos vuelven a estar presentes en este libro. Lo que sucede es que aquí no hay nazis, psicópatas o terroristas, aunque tenemos a la Iglesia, a Stalin y al Capital, lo cual tampoco está mal", asegura el autor a este periódico a unos días de la llegada de la novela a las librerías.

En un momento de la novela, uno de los personajes dice que ni se vive ni se escribe impunemente, pero él mismo apunta que vuelve con el verbo curado: "Quien flirtea con la maldad, acaba contaminándose; quien escribe sobre la maldad, acaba sintiendo sus efectos. En cierto sentido, este libro ha tenido algo de curativo".

La luz es más antigua que el amor es la historia que un escritor llamado Bocanegra, eco evidente del propio Ricardo Menéndez Salmón, cuenta sobre tres maestros pintores: Mark Rothko, Adriano de Robertis y Vsévolod Semiasin; uno real y dos ficticios.

"Quien escribe sobre la maldad, acaba sintiendo sus efectos", dice

De Robertis, pintor del Quattrocentto comprende lo que significa la libertad del creador y se niega a renunciar a su inspiración, a pesar de la presión de sus condotieros que le instan a olvidarse de un cuadro imperdonable, una Virgen barbuda. Vsévolod Semiasin, la otra figura tan ficticia como real, pintor ruso contemporáneo, devorador de sus propios lienzos, perdido en su locura y en una entrevista con Stalin. Y de Rothko Salmón entra en la descomposición que lleva al artista a cortarse las venas.

"Uno de los retos de La luz es más antigua que el amor consiste en hablar del arte que más me interesa, la pintura, mediante el arte para el que mejor dotado estoy, la literatura", reconoce. De hecho, el autor asturiano remata la novela con la intervención más importante de su vida: el discurso de Bocanegra en Estocolmo, al recoger el Nobel de Literatura. En ese texto leído, un Bocanegra mayor, hace referencia al libro del que más cariño guarda: La luz es más antigua que el amor, escrito por él hace 30 años.

"Yo aspiro a que mi literatura perdure, a sobrevivir a mi desaparición a través de los libros que escribo", cuenta a Público. "Me importa mucho, y mucho, la trascendencia artística, lo cual no significa que, en cada libro, lo que me preocupe sea, sobre todo, escribir bien, lo mejor posible, con toda la ambición y, a la vez, con toda la humildad. El Nobel, en ese sentido, ejemplifica a la perfección el acceso a la eternidad".

Hay muchos elementos que rompen con su trayectoria, tantos como le mantienen en las intenciones literarias que el autor ha mostrado hasta el momento. Quizá sea esa voz de Bocanegra tan cercana a la suya, tan próxima a las tramoyas del autor contemporáneo, la que suena nueva.

Fiel a sí mismo

"El fragmento, la elipsis o la peripecia truncada ya estaban presentes en mis anteriores títulos. Soy consciente de que a veces se me ha querido ubicar al margen de los modos de escribir de mis compañeros de generación, pero sospecho que nuestras diferencias no tienen tanto que ver con las formas cuanto con los temas", afirma valiente.

"Uno de los retos de La luz es más antigua que el amor consiste en hablar del arte que más me interesa"

Desde luego, Menéndez Salmón cumple con su fidelidad con la belleza y la responsabilidad. "Escribir es una forma de hacer política, de trabajar sobre la conciencia de otros, de acceder a su emotividad y a su inteligencia", advierte sobre su gusto por la belleza en el lenguaje. Confirma que escribir sólo es útil si se conmueve y perturba, que existe "una aventura maravillosa llamada literatura, que puede aspirar a la belleza sin renunciar a la responsabilidad".

La luz y el amor, la estética y la ética, lo tiene profundamente arraigado. Insiste en el poder de la palabra y en su capacidad para demostrar que un hombre se define por sus palabras, pero también por sus imágenes. Por eso cree que todo escritor es un "hermeneuta de imágenes". "Sé que muchos pintores, Rothko entre ellos, sospechaban del intento por plasmar en palabras lo que una pintura expresa", y él la utiliza para contar lo que otros hombres han visto.

Y tras el mal, la luz y el amor, ¿qué viene? Un ensayo sobre el cine de Tarkovski, dice, el artista del pasado siglo al que más admira. Y su gran novela: "Supondría el mayor reto de mi carrera, pues sería un libro de años, quizá un lustro o incluso una década. Me gustaría escribir una novela sobre la historia del socialismo en Europa durante el siglo XIX, una novela que tenga como eje central la vida de Marx, entre 1818 y 1883". Y nada de Guerra Civil, que "ya tiene sus cantores".

Fuente de la noticia: publico.es
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