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8 Julio 2010
El escritor Angus Donald propone una versión más dura que la del héroe tradicional

El bosque de Sherwood queda lejos de aquí, pero el pub se llama The Archers, las mesas son tan viejas que podría haberse acodado en ellas Juan sin Tierra y el hombre que tengo delante ha visto más sangre que el mismísimo sheriff de Nottingham. Angus Donald es el autor de Robin Hood el proscrito (Edhasa), una estremecedora novela histórica que va a las fuentes de la leyenda para mostrarnos a un Robin muy distinto del de Errol Flynn y sus alegres camaradas, aquellos simpáticos arqueros enfundados en leotardos verdes tan apretados que causaba rubor verlos.

La novela de Donald se adscribe a la nueva moda -de la que participa en parte el filme de Ridley Scott con Russell Crowe- de presentar a un Robin Hood fiero y ceñudo, con un lado oscuro, violento, brutal y hasta perverso, capaz de actos execrables en su sinuoso camino hacia la reivindicación y la venganza. "Eran tiempos crueles", justifica el novelista apurando su segunda pinta en este pub londinense de Brick Lane cuando se le comentan algunos episodios de la novela.

Cierto, días sombríos en los que el hombre prudente, según el dicho -lo cita el propio Donald-, tenía su dinero bajo tierra, su vestido sin adornos y sus hijas encerradas. En Robin Hood el proscrito, primera entrega de una serie que contará toda la vida del personaje, asistimos, entre otros trances, a la castración de un criado, la mutilación de un traidor a hachazos, el sacrificio ritual de un prisionero y el despanzurramiento de un guerrero. Todo eso resulta perturbador aunque quizá no tanto como la escena en que la bella Marian llena su orinal.

El Robin de la novela es cruel y gangsteril, pecador y salvaje, manipulador, anticlerical e inclinado al paganismo. Incluso practica la usura. Eso sí, sus hombres lo seguirían al infierno, que, por otro lado, es adonde a menudo él los guía: ¡vaya batallas! "¿Te parece que hay mucha sangre?", pregunta Donald. Sí, y sesos esparcidos, y soldados que se ensucian de miedo, y bosta de caballo mezclada con miembros amputados. "La guerra es eso, una carnicería, sangre y mierda".

El escritor (Pekín, 1965, su padre era diplomático británico) parece saber de lo que habla, y así es: ha sido corresponsal de guerra y estuvo en Tora Bora en 2001 cuando la matanza de combatientes de Al Qaeda. "Vi muchos muertos en Afganistán, cuerpos desmembrados, como una especie de Guernica hiperrealista; es repulsivo. Por eso a lo mejor mis combates son un poco fuertes, no quiero que nadie piense que la guerra es algo bonito. Es terrible, apesta y estás asustado todo el tiempo. Yo, por supuesto, no he matado nunca a nadie, pero he hablado con soldados que lo han hecho y sé que es espantoso y nunca te acostumbras, jamás se hace fácil". El protagonista de Robin Hood el proscrito es un joven ladrón (Alan Dale, uno de los célebres personajes de la leyenda) que se une a la banda del levantisco arquero y aprende a matar. Su mirada se mueve entre la veneración y el recelo, cuando no la repulsión, que le provocan Robin y sus actos. "Tiene siempre dudas hacia Robin y eso crea una tensión narrativa muy interesante para la trama; al madurar aprende que separar la maldad y la bondad a menudo no es tan fácil".

En esta zona de Londres de hondo sabor indostánico parece difícil encontrar referencias a Hood, aparte de los muchos autobuses que lucen publicidad de la película de Ridley Scott, con Russell Crowe (el actor permanentemente enojado). Pero resulta que fue aquí, muy cerquita de The Archers, donde Donald comenzó a escribir su novela hace ocho años. También resulta que por esta zona, East End, tradicionalmente rica en bandidos, medraron los gemelos Kray, los célebres gánsteres de los sesenta, que, según el novelista algunas características comparten con el legendario arquero.

¿Por qué revisitar a Robin Hood? "Para él no pasa el tiempo, es eterno. Es el arquetipo del hombre fuera de la ley que se pone al margen de la sociedad y lucha contra la opresión del poderoso haciendo su propia justicia. Mi Robin, que toma como estandarte la cabeza de lobo, muestra características diferentes del moderno mito popular, forjado por Howard Pyle en 1883 y consolidado por Hollywood: no es tan buen tipo, es capaz de rebanarte la garganta, tiene algo de un Corleone, le importan solo sus partidarios, su familia de proscritos, aunque no deja de ser audaz, valiente y seductor".

Donald insiste en el aspecto gansteril de Hood. Eso, la violencia y la hechicería caracterizan la novela. "Soy antropólogo de formación y he estudiado los fenómenos de magia y brujería en Indonesia y África. El mundo medieval de Robin aún está cerca del paganismo y de los cultos a la naturaleza. El propio Robin no deja de ser una encarnación del espíritu del bosque, una manifestación del hombre verde, el hombre salvaje, en el que hay ecos de Baco y de Pan". Donald admite que es difícil decir si Robin Hood fue realmente un personaje histórico o no. Si fue un noble (en su novela es hijo de un barón normando), si vivió en tiempos de Ricardo Corazón de León... Hay muchas hipótesis, y gran controversia. Él cree que probablemente hubo diversos tipos a finales del siglo XII y principios del XIII que encajaban genéricamente en la descripción -aunque sin calzas verdes- hasta el punto de que el nombre devino una especie de "franquicia" que otorgaba cierto glamour a proscritos, outlaws y salteadores varios. Lo que sí está claro es que en sus orígenes literarios, en las viejas baladas (recopiladas el año pasado por J. Rubén Valdés en Akal), Robin es muy inquietante. "Son historias muy oscuras, no es Errol Flynn, no es Hollywood. Robin está muy enraizado en la violencia. En la balada más antigua, Robin Hood and the monk, cuando matan al sheriff de Nottingham se cargan también a un niño. Eso son cosas que no forman parte del icono hollywoodense. Mi Robin es oscuro porque es lo que hay en las historias originales. Creo que de esa forma no solo devuelvo el personaje a sus raíces sino que lo hago más real".

En todo caso, Angus Donald considera insondable e inagotable a Robin Hood. "Podríamos hablar de tantas cosas, su conexión con los grandes bribones y tramposos de las mitologías, como Loki o el coyote del folclore americano. O con los guerrilleros". El novelista observa que algo hay en el aire que ha hecho cambiar el paradigma moderno de Robin Hood. "No es casual que coincidan mi libro, la película de Ridley Scott y la novela Hood, de Adam Thorpe, que también reexamina el personaje en su faceta oscura". De Bernard Cornwell, especialista en la novela histórica cruda, habla con admiración. De hecho, hay lectores que han creído que Angus Donald (A. D., siglas ideales para un creador del género) era un seudónimo de Bernard Cornwell (B. C.).

No podemos dejar The Archers sin hablar del tiro con arco. Donald ha practicado con el longbow, el viejo arco largo de guerra inglés. Admite, sin embargo, que está lejos de ser capaz de colocar su flecha en el ojo de un gorrión a 100 pasos, como presumen los arqueros de Sherwood en su novela, en la que las saetas vuelan homéricamente como una bandada de golondrinas.

Ah, los proscritos. Sean como sean, oscuros o alegres, nos contagian de su libertad y su arrojo, y sus ansias de vivir. Y uno no puede dejar de excitarse con su lema: "Éramos hombres de Robin, comíamos carne roja de ciervo y nos reíamos de la ley".

Fuente de la noticia: El País
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