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4 Marzo 2010

Una madre intenta proteger a su hija de los estragos de la guerra y el hambre. Una escritora madura acaba volviéndose loca ante la falta de libertad. Una joven de 28 años es ejecutada y violada por sus críticas al régimen.

Éstas son algunas de las escenas que hilvanan las obras de la veterana candidata al Nobel Zhang Jie (1937) y la joven autora Yiyun Li (1972). Por lo demás, sus obras son muy diferentes en la forma: la tradición china pesa mucho en Jie, mientras que Li, residente en Estados Unidos desde 1996, incluso ha hecho del inglés su lengua literaria. Y muy parecidas en el propósito: retratar el pasado más trágico de China a través de sus víctimas.

Sus personajes, gente corriente inmersa en el torbellino de guerras y dictaduras que arrasó China durante el siglo pasado, coinciden estos días en las librerías dentro de las páginas de 'Faltan palabras', la obra maestra de Jie (Miscelánea) y 'Las puertas del paraíso', la primera novela de Yiyun Li (Lumen).

"'Faltan palabras' pone los últimos cien años de China ante el tribunal de la Humanidad y la Justicia", afirma Jie. La novela recorre el último siglo de China a través de la épica historia una saga de mujeres (abuela, madre hija). Un período en el que China pasó del sistema feudal a la ciencia ficción y los supermercados y del que la autora se siente parte.

Jie quiso estudiar Literatura pero la obligaron a cursar Economía. Formó parte de la primera generación que desafió al Gobierno con la literatura. La ola represiva de la Revolución Cultural la envió a una granja prisión, donde trabajó de sol a sol en los campos de arroz con el único objetivo era sobrevivir y volver a ver a su hija. "Según Mao, todos los intelectuales eran oficinistas y debían ser reeducados. Era como, si en Rusia, te enviaran a Siberia", recuerda. Aún así, no abandonó China.

"Con la novela quería expresar la crueldad de ese proceso. Por supuesto, es una falta de respeto a la versión oficial de la historia", comenta la autora, que pasó 12 años estudiando la historia de China, recorriendo sus pueblos, hablando con sus testigos. Pero su libro, insiste, tiene más de "examen del alma humana" que de reproche al régimen comunista.

Jie no concibe abandonar China. "Mi gran sueño no es el dinero o tener una buena posición social, sino ser una buena escritora. Puede llamarlo ambición. Por este objetivo, puedo sacrificar cualquier cosa, incluyendo amor y familia. Puede llamarme, literalmente, loca. Los pintores, músicos y bailarines pueden dejar su país sin que su trabajo se vea afectado. Pero los escritores no pueden".

Yiyun Li es muy diferente. Cuando Jie fue puesta en libertad, en 1973, ella apenas tenía un año. Al cumplir los 24 emigró a Estados Unidos y allí decidió abandonar la Medicina por la escritura.

Afirma que su novela surgió como un intento de explicarse a sí misma el pasado. "Cuando iba al colegio, acabábamos antes para asistir a las ejecuciones. En casa, los hermanos de mi madre habían luchado contra el comunismo y cuando mis padres querían decir algo, cerraban todas las ventanas. Siempre decían 'detrás de cada ventana hay ojos y detrás de cada pared, oídos'".

Su libro se basa en la historia real de una joven que fue violada y ejecutada por expresar sus dudas sobre el régimen comunista. Todo ocurrió a finales de los años 70, tras el breve período de liberalización que siguió a la muerte de Mao.

Sobre esta historia, la autora traza el fresco de una aldea aislada de China, muy similar al pueblo natal de su marido. "Tenía las caras de los personajes en mi memoria, las instantáneas del hombre que pasea por la calle cojeando y del niño que pega carteles, pero tuve que reconstruir sus vidas".

La atmósfera que Li retrata, poblada por adolescentes delatores, niños que comen la pasta de arroz utilizada para pegar carteles y padres obligados a mostrarse agraciados por la ejecución de su hija, tiene mucho de infierno. La autora, sin embargo se sorprende por la comparación. "Nunca lo vi como un infierno. Es sólo parte de la rutina. Aceptas muchas cosas y cuando creces, se convierten en algo normal, que forma parte de tu vida".

Cree que entre las responsabilidades de los escritores está la de conservar el pasado para las generaciones más jóvenes. "Si no, éstas no tendrán acceso a su historia, y eso es muy peligroso. Los jóvenes suelen apasionarse sobre muchas cosas sin reflexionar. La Revolución Cultural se basó en personas que se apasionaron dando palizas a otras personas. Por eso es importante recordarles el pasado".

Fuente de la noticia: El Mundo
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