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13 Enero 2010
El libro compara las doctrinas del presidente con las de la religión


La democracia de Zapatero, la de hoy, la de ahora, no pasa el examen de Gustavo Bueno en 'El fundamentalismo democrático' (Temas de hoy). El título es una mezcla de confusión terminológica y corrupción moral (terminal, casi): el sistema es ya cadáver. Bueno echa mano del símil de lo religioso. "La fe del ateo", como escribió en un libro anterior. "La soberanía es una noción tan oscura como la de Dios".

Así, el demócrata fundamentalista (Zapatero, en este caso) se mueve en la nebulosa de las creencias. Cuando invoca al "pueblo", por ejemplo, hace religión. "Es una palabra que llena la boca de la gente, cuando no sabe ni qué dice.

Bueno le sacude al proyecto de ley a plazos del aborto, a los estatutos de autonomía, a las leyes de memoria histórica, a la de matrimonios homosexuales, a la de violencia de género, y a Garzón. Dice del juez de la Audiencia Nacional que tiene "complejo de Jesucristo", redentor universal.

La desvinculación de las fronteras nacionales ha fomentado esta enfermedad (o asesinato) de los nuevos fundamentalismos. "La ciudadanía cosmopolita es un absurdo", explica el filósofo. Los independentistas, vascos y catalanes son, según cuenta, nocivamente incluidos dentro de una idea global de democracia, cuando son "enemigos" del sistema.

Estado de Derecho y de No Derecho

Es un punto capital en esta "perversión" de fondo que contempla el autor. "Las democracias nos consideramos una alianza universal frente a los totalitarismos, y es una ficción. La ciudadanía siempre ha venido unida a la nación política. Nos llamamos Estado de Derecho frente a los otros de No Derecho". La nueva Ley del aborto es, según cuenta, más producto de una insania y desbarajuste de este "gobierno de ignorantes" que otra cosa.

"Este libro quiere alertar sobre la gran probabilidad de que, si en situaciones de agravamiento de la corrupción (de la enfermedad) aplicamos la receta "más democracia", la corrupción se agravará también y conducirá acaso a la muerte del propio sistema", razona Bueno.

"Es como con la Iglesia: sus individuos son los corruptos, no la institución". ¿Queda claro el símil? Diagnóstico: la democracia está corrompida, ¿quién la descorromperá?

Fuente de la noticia: El Mundo
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