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29 Diciembre 2009
Autor: David Monteagudo | Editorial: Acantilado | Colección: narrativa del Acantilado, 162 | Género: novela

Un grupo de antiguos amigos, que ya no tienen nada en común excepto un turbio episodio del pasado, se reúne en un refugio de montaña para pasar un fin de semana. La reunión sigue fielmente el guión habitual de estos casos, pero, en plena celebración, un acontecimiento externo alterará por completo sus planes. Sometidos a una creciente presión, cada individuo interpretará los acontecimientos según sus particulares obsesiones; y entre confesiones y rencillas largamente incubadas se irá recomponiendo un esquema sórdido e intrincado de las relaciones que los habían unido en el pasado, todo ello bajo la sombra de una amenaza cada vez más cercana y palpable.

 

HUGO - COVA


El teléfono sonó una, dos, tres veces. «¿Alguien puede coger ese teléfono?», gritó Hugo desde algún rincón de la casa; pero el teléfono sonó otra vez, y luego se hizo el silencio, y después volvió a sonar de nuevo. Hugo entró en el despacho con pasos precipitados, farfullando una palabrota, y descolgó a la mitad de un nuevo timbrazo. «Sí, diga», dijo mientras el auricular viajaba todavía hacia su oreja, en un tono apremiante, descortés, mezclando en su irritación al anónimo llamador y a quien le había obligado, con su pasividad, o tal vez con su ausencia, a atender la llamada. Pero a la agitación de ese primer momento le siguió un instante de total silencio, de expectante quietud. Durante unos segundos, Hugo permaneció mudo, con la mirada fija, con el ceño fruncido. «¿Cómo?... no... no sé...», pronunció por fin, dubitativo, con largas pausas entre palabra y palabra. «No sé... la verdad... así, de golpe...». Las palabras se arrastraban prudentes, desconfiadas, mientras su mano apretaba ávidamente el auricular. «Oye, ¿quién...?», empezó a decir con decisión, con un asomo de irritación; pero se interrumpió a mitad de la pregunta, y un segundo después estalló en un tono completamente distinto. «¡Claro, Nieves... ahora... claro, hombre, claro... si tienes la misma voz...! Perdona, tú, es que... ¿Cómo iba a imaginar que...? ¿Cuánto hace que no...? No, claro, por la calle sí, vives por allá arriba... eso... sí, te veo a veces... sí, con los dos niños... ¿Ves? Te tengo controlada...»

 

Fuente de la noticia: El Boomeran(g)
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