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28 Diciembre 2009

España vive una coyuntura con pocas similitudes en ámbitos cercanos  |  La literatura anglosajona ya deja resquicios a autores de otras latitudes

Lo primero que hace Robinson Crusoe al arribar a tierra es encaramarse al punto más alto de la isla y poner nombres a las zonas que divisa. Quizás una de las características de este nuevo milenio sea la de buscar una orientación, ordenar la memoria... y hacer listas. Se han hecho listas incluso de las mejores listas y de los mejores libros no leídos (por cierto, ganó El Quijote). España vive un boom editorial con pocas similitudes en ámbitos cercanos: un verdadero paraíso (¿efímero?, ¡ay, la crisis!) para el lector en el que además de contar con las mejores librerías de Europa, muchos títulos llegan traducidos –demasiado a menudo la crisis hace olvidar el esmero– antes que a Italia o a Francia. Si hacer una lista de los mejores libros del año ya es dificultoso y arbitrario, más aún de la década, cuando se editan una media de 60.000 títulos anuales. En la lista que periodistas y críticos de 'La Vanguardia' han elaborado se han tenido en cuenta tanto los criterios de calidad literaria como los de la relevancia social del título. No se trata de una lista conjunta, sino de la suma de votaciones particulares (de ahí que Larsson aparezca junto a Sebald). También se ha querido dar a la literatura catalana un tratamiento de igualdad con las de otras lenguas.


En general, el dominio abrumador de la literatura anglosajona empieza a ofrecer resquicios a autores de otras latitudes. Si la década empezó con libros densos, entre el ensayo y la ficción, Coetzee, Sebald o Piglia, se incrementa la tendencia a la fusión de alta y baja cultura, en la que la ciencia ficción, el cómic, la novela de detectives o las series de televisión se entremezclan con la influencia de autores mayores como Borges, Calvino o Kafka. La memoria y la historia reciente es una de las temáticas de fondo tanto a uno como al otro lado del Atlántico y la movilidad que ha proporcionado la globalización tiene también un amplio surtido con obras de autores nacidos en todos los rincones del mundo o hijos de trasladados.

En Catalunya, Julià Guillamon destaca que se ha empezado a distinguir la literatura comercial de la más literaria con sellos y colecciones diferenciadas y la irrupción de "una literatura catalana multicultural: Najat el Hachmi, Lolita Bosch, Monika Zgustova". Rosa Maria Piñol subraya "la aparición y aceptación popular de libros autobiográficos de superación personal o provocados por experiencias duras o pérdidas (Màrius Serra, Margarit, los viajes en silla de ruedas de Albert Casals)", junto con un regreso a la ambientación rural "en varias de las mejores novelas de la década (Teixidor, Pladevall, Alzamora...), mientras que las historias urbanas se reservan más para los libros de relatos".

Sergio Vila-Sanjuán cree que "Soldados de Salamina de Javier Cercas marca un antes y un después al introducir una nueva visión de tercera generación sobre la guerra civil española, el tema mayor por excelencia de nuestra cultura en el último siglo, a la vez que propone una forma novedosa de hibridar ficción y no ficción". El coordinador de Cultura/s destaca la difusión internacional de la novela gótica de un barcelonés como Carlos Ruiz Zafón y de Albert Sánchez Piñol, que "ofrece una sutil combinación de novela de ideas y novela de aventuras, con un mensaje de respeto al otro muy pertinente en la época de los conflictos de Afganistán e Iraq".

En el terreno internacional, Vila-Sanjuán subraya el paso de Paul Auster de autor minoritario a mayoritario y la recuperación de Patrick Modiano, "ambos de la mano del mismo editor, Jorge Herralde, revalidado a su vez como la figura más prestigiosa de la edición española". En las votaciones han participado Miquel Molina, Ignacio Orovio, Sergio Vila- Sanjuán, Llàtzer Moix, Juan Antonio Masoliver Ródenas, Robert Saladrigas, Ernest Farrés, Rosa Maria Piñol, Xavi Ayén y Josep Massot.

1. 2666
Roberto Bolaño (2004)

La novela póstuma de Bolaño resume las nuevas formas de narrar el mundo al filo del nuevo milenio, un mundo abierto, múltiple, global, sin un eje central. 2666 es como un gigantesco compendio literario alimentado por decenas de relatos, estilos distintos, un narrador oculto (¿el Arturo Bentano de Detectives salvajes, una de las máscaras ficticias del propio Bolaño?) en busca de un centro también oculto del mundo. Es un mural de la historia del siglo XX, la búsqueda de las raíces del mal, juego literario, alegoría, realismo, fusión de alta cultura con la cultura popular... En una misma oración, Bolaño comienza con una carcajada y la hace acabar con el espanto. La novela enlaza con las estructuras narrativas de Cervantes, Sterne o Flann O'Brien y con las actuales de Vollmann, Chabon, Fresán o Foster Wallace. En uno de sus textos se imagina como un eternauta describiendo el mundo desde el espacio, el escritor y el filósofo como detective en busca de una explicación del mal que siempre se le escabulle porque está en uno mismo.

2. Acción de Gracias
Richard Ford (2008)

Ford lleva a escena de nuevo a Frank Bascombe, que ya había protagonizado El periodista deportivo (1986) y El día de la independencia (1995). El título original, The lay of the land, ha sido traducido en España como Acción de Gracias (la novela empieza con la preparación de la fiesta norteamericana del 4 de noviembre con su primera mujer, ahora viuda). Es el año 2000. Rotas sus ilusiones como escritor, el agente inmobiliario vive en Nueva Jersey, tiene ya 55 años, sobrevive a un segundo matrimonio y a un cáncer de próstata, con los restos de su familia (Paul y Clarissa), además de un hijo disfuncional, otro muerto a los nueve años y teniéndoselas que ver con un socio budista de su agencia. Bascombe es el antihéroe de la clase media (más probable que el Rabbit de Updike, menos metafísico), capaz de ofrecer aforismos como esta perla: "Hay verdaderamente tan pocas cosas inexplicables en el mundo. ¿Por qué es un lugar tan difícil para vivir?". La novela pasa en tres días: tiempo para que se celebre un funeral, un suicidio, un accidente de coche, fallos en la estructura de su casa, una bomba en un hospital.

3. Tokio Blues
Haruki Murakami

Uno de los booms literarios de la década que engrosa además el plantel de creadores japoneses en Occidente. Los protagonistas de la novela son adolescentes frágiles que han vivido experiencias dolorosas y que han de madurar con el contacto con la muerte. Toru Watanabe se enfrenta al dilema de si quiere seguir el cauce señalado (una multinacional) o emprender la ruta del outsider. Contra el dolor no hay cura ni antídoto, sólo cabe atravesarlo para aprender que es uno de los argumentos de la vida. Murakami retrata personajes femeninos de gran fuerza, inadaptadas y sensibles. Es un retrato lacerante y de superación ante la adversidad, con viajes a las zonas que las revistas fashion suelen mantener tras un velo: clínicas, el mundo de la mendicidad, ahora tan presentes en los libros.

4. La fiesta del chivo
Mario Vargas Llosa (2000)

Retrato de una de las dictaduras más crueles y caprichosas del siglo XX. El novelista peruano mezcla elementos reales con otros ficticios para narrar, en tres líneas de trama distintas, el último día de un tirano que esclavizó a tres millones de dominicanos, la conspiración para acabar con su vida y los recuerdos de Urania Cabral, que regresa a la isla en 1961 para ver a su padre. No es ni Tirano Banderas ni Yo, el supremo ni El otoño del patriarca, Vargas Llosa mantiene el suspense de la novela negra y entrecruza personajes de toda calaña –Macbeth en el Caribe–, para mostrar los efectos devastadores de la tiranía y sus servidores en los seres humanos.

5. Soldados de Salamina
Javier Cercas (2001)

A partir del fusilamiento frustrado del dirigente falangista Sánchez Mazas, Cercas creó un punto de inflexión en la manera de narrar la Guerra Civil, sin los maniqueísmos de los dos bandos cuando las heridas estaban aún demasiado recientes. Cercas tiene una clara voluntad de buscar los héroes anónimos de la historia que predicaba Walter Benjamin. El soldado comunista y sentimental incapaz de rematar al enemigo indefenso y que después lucha contra la ocupación nazi bajo el mando del general francés Léclerc. En la novela hay también una pesquisa y una ambigüedad sobre si el soldado Miralles es o no quien salvó la vida del ideólogo de Falange. La obra de Cercas fue el primer best seller español de larga duración, más allá del año en que fue publicado. David Trueba rodó una versión cinematográfica con Ariadna Gil como protagonista.

6. París no se acaba nunca
Enrique Vila-Matas (2003)

Mezcla de ficción, autobiografía y ensayo, Enrique Vila-Matas llegó al gran público con una obra en la que regresa al París de su juventud, de sus inicios de escritor, cuando escribía La novela ilustrada. En sus páginas y en sus calles se cruza con su casera, Marguerite Duras, con Juan Marsé, Georges Perec o Julio Ramón Ribeyro. Un libro de autoficción, rebosante de humor, en el que la literatura y la vida se confunden, personajes que leen su vida y un relato de las aventuras y desventuras que protagoniza el aprendiz de escritor que creyó que París era el lugar donde aprender el oficio de escribir, como había creído Hemingway, el novelista aventurero, entonces modelo de escritor para quien acabó fijándose en Joyce.

7. Austerlitz
W. G. Sebald (2001)

Sebald era un apasionado de los archivos, de la memoria: "Recordar a los muertos nos distingue de los animales", decía. Descubrió una forma de ficción no ficción, mezclar textos –deslizaba a propósito erratas para el descubridor de gazapos– con fotografías y mapas, buscando la participación del lector. La culpa no se niega, se experimenta. Su personaje Jacques Austerlitz, en busca de sus orígenes, carga con un inquietante bagaje de recuerdo, historia y amnesia. Sebald empezó a publicar tarde y murió a los 57 años, de un accidente de automóvil. Hoy es un escritor de culto; es decir, idolatrado y odiado.

8. El cor del senglar
Baltasar Porcel (2000)

La novela tiene uno de los inicios más vigorosos de la literatura catalana reciente, con un léxico que rompe la monotonía del catalán estándar de las novelas urbanas. Porcel echa mano de su mitología personal en una novela sobre la que vuela la personalidad arrasadora de un contrabandista que parece una mezcla del aventurero mallorquín socarrón, de Edmond Dantès y del Humphrey Bogart de Tener y no tener. En las votaciones ha pugnado con su novela L'emperador o l'ull de vent, sobre la tragedia de los prisioneros de las tropas napoleónicas confinados en la desierta isla de Cabrera.

9. Millennium (Trilogía)
Stieg Larsson (2008-2009)

Las tres obras de Stieg Larsson han sido sin duda el fenómeno editorial de la década, junto con la serie Harry Potter y el best seller El código Da Vinci, de Dan Brown. El signo del decenio cambió con la crisis, y aquí no hay secretos esotéricos ni símbolos arcanos que descubrir, sino asesinos muy reales, un periodista con ánimo social reivindicativo y un personaje femenino, Lisbeth Salander, una Pippi Calzaslargas adulta que poco tiene que ver con heroínas como Lara Croft: freaky, violada y resolutiva. El boom de Larsson fue el culmen de la novela negra nórdica.

10. El millor dels mons
Quim Monzó (2001)

La ironía comienza ya con el título. El millor dels mons es el libro más pesimista de Monzó, trece cuentos en los que su humor se tiñe aún más de negrura, el mismo tintero que debía utilizar Raymond Carver. La crueldad de Vacances d'estiu, el ocultamiento buñuelesco de la muerte en El meu germà, las mentiras afiladas de Les cinc falques, el comportamiento del ser humano en L'accident, incluso la figura de la madre (¿es o no es una prostituta?) o la cascada de gravísimas enfermedades que se desatan en un cuento que se titula... ¡La vida perdurable!

Fuente de la noticia: La Vanguardia
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