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13 Agosto 2009
Los amantes de la narración clásica tienen un regalo este verano: tres novelas y un cuento del maestro británico y creador del territorio literario de Wessex

Thomas Hardy (1840-1928) no es sólo uno de los más grandes novelistas ingleses de todos los tiempos; es, además, el nexo de unión entre la novela victoriana y la novela del siglo XX en Inglaterra. En este último trimestre de 2009 han aparecido tres novelas y un relato de él que han de ser la alegría de cualquier lector aficionado a la narración clásica: Dos ojos azules, La mano de Ethelberta, Un grupo de nobles damas y Sólo un intermedio. Thomas Hardy hizo del territorio de Wessex (traslación de su Dorset natal) un mundo literario donde desarrolló vidas y paisajes de una asombrosa riqueza y variedad. Las narraciones que comentamos pertenecen todas a ese ciclo admirable. Excepto la primera, todas son anteriores a sus grandes novelas finales, pero esto no es más que una referencia cronológica porque, en su conjunto, el mundo de Wessex es una de esas hazañas literarias que aseguran la posteridad de un autor.

Un grupo de nobles damas parte de una situación clásica que proviene de Boccaccio y Chaucer: en este caso son los miembros del Club de la Naturaleza y la Arqueología de Wessex, recogidos a causa del mal tiempo, los que aprovechan esa circunstancia para relatarse historias "de hermosas damas, de sus amores y sus odios, de sus alegrías y sus desdichas, de su belleza y de su destino". Son todas ellas damas nobles de tiempos pasados y los relatos rivalizan en ingenio y dramatismo. Todas las historias se centran en problemas matrimoniales, pues en la época el matrimonio y la herencia eran los asuntos de mayor trascendencia social. Las mujeres que desfilan por esta galería afrontan su destino entre la pasión, el cálculo y el azar, sobre todo este último, que es el verdadero motor dramático contra el cual se perfila la verdad de los caracteres que atraviesan esta maravillosa suma de actitudes femeninas ante el dominio masculino, un compendio de fingimientos, prejuicios y falsedades, algunos rocambolescos, a que da lugar la posición social y el orgullo de clase. El más dramático y emocionante es del de la 'Duquesa de Hamptonshire'; el más brillante, el de la 'Duquesa de Wessex', con un personaje materno antológico; la suplantación más asombrosa, la del relato de la 'Duquesa de Stonehenge'; pero el conjunto es insuperable. El libro, uno de sus grandes textos, es rigurosa novedad en España.

La mano de Ethelberta es una novela sorprendente. Presenta una escritura algo premiosa, abigarrada y detallista, pero siempre precisa, muy sentenciosa y con una característica peculiar: su causticidad. Hay un punto cínico en esta historia de una joven inteligente y cultivada de clase modesta que triunfa socialmente, fascina a los hombres y a la que sólo un matrimonio conveniente puede mantener en la posición alcanzada. El cinismo está basado en una situación casi grotesca: toda su numerosa familia se mantiene escondida o finge ser su propio servicio. Como resulta fácil imaginar, estamos ante una seria comedia de equívocos que da lugar a una visión crítico-social que Hardy resuelve magistralmente. A veces digresiva, a menudo sentenciosa ("para mantenerte inofensiva como una paloma, has de ser astuta como una serpiente"), siempre ingeniosa y bien sostenida, esta ficción, en su último tono cáustico, empieza a anticipar el pesimismo de su autor, que desembocará en obras como Tess o Jude el oscuro. El retrato de grupo social elevado es detallista y hondo y, además, la descripción de Wessex es un verdadero placer para el lector y un modelo de creación de un territorio literario. Lo que también se cuestiona ya aquí con toda claridad e intención es la salida matrimonial como única posibilidad para la mujer, dando pie a una figura femenina autosuficiente dentro de las limitaciones de la época victoriana.

Unos ojos azules pertenecería al género de la comedia sentimental agridulce. El tema es el de la fatalidad a causa de la incomprensión de los hombres sobre los motivos de las mujeres. El personaje femenino, Elfride -físicamente inspirado en su primera esposa-, se debate entre dos hombres que son amigos entre sí aunque ninguno de los dos sabe que está interfiriendo en el deseo amoroso del otro. Es la historia de un malentendido cuya originalidad es la de basarse en un concepto equivocado de la mujer por parte de ambos, cada uno a su manera y según su condición de pensamiento. El carácter tornadizo, pero también valeroso aunque atribulado, de Elfride está maravillosamente conseguido y desemboca con autoridad en la penosa experiencia final, nacida del miedo a hablar; el modo en que dispone la caída de Elfride en su propia trampa es sobresaliente. Por otra parte, las calidades descriptivas del territorio Wessex son, una vez más, modélicas y la integración de los sentimientos en ellas, impecables. La maestría de Hardy en la creación y disposición de escenas y situaciones le muestran como un verdadero maestro de la trama y su perfección se advierte tanto en estas tres novelas como en el relato titulado Sólo un intermedio, donde se cuenta, además, una de las situaciones más convincentemente azarosas que he tenido ocasión de leer.

El grupo de nobles damas pertenece a su época mayor. Los demás libros son de la primera época, la que se reúne creativamente en torno a Lejos del mundanal ruido. Hardy abandonó la narración tras la incomprensión que siguió a la publicación de Jude el oscuro. Entonces, a una edad nada propicia a la poesía, escribió una larga serie de poemas que se tiene entre lo mejor de la lírica inglesa. Fue un maestro del arte narrativo y un maestro del arte de la poesía: una verdadera hazaña.

Fuente de la noticia: El País
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