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22 Mayo 2009

Babelia entrevista al escritor alemán Günter Grass, Premio Nobel de Literatura

Las difíciles relaciones con sus ocho hijos centran la nueva entrega autobiográfica de Günter Grass, titulada La caja de los deseos. El Nobel alemán también acaba de publicar un poemario, Payaso de agosto, escrito tras el escándalo de sus confesiones en Pelando la cebolla. El suplemento cultural Babelia publica mañana una entrevista de la que forma parte este adelanto.

En 1996 hizo usted un viaje con tres hijas suyas de madres distintas; fueron a Italia, lo cuenta en Mi siglo. Puede ser el punto de partida de este nuevo encuentro...

El viaje con las tres hijas fue una tentativa feliz; se conocían poco, quería que se conocieran más. Es un acto de padre, y fue posible, fue deseable, y fue fructífero: reunir a los hijos de madres distintas... Y luego vino este encuentro: todos crecieron en ambientes muy distintos, en familias muy distintas. Fue importante juntarlos.

¿Cómo se siente como padre de tanta familia? ¿Este libro le ha servido de catarsis?

Vivimos en un mundo en que a izquierdas y derechas se destrozan, se rompen los matrimonios, y por regla general las separaciones se hacen a costa de los hijos, porque hay muchas disputas, muchos problemas, y ellos están ahí, sufriéndolo... Esto es lo que queríamos evitar precisamente Ute y yo, los dos. Por esta razón hemos intentado reunir a estos ocho hijos de distintas mujeres en una gran familia. Y creo que lo hemos conseguido. Los hijos han respondido, les gusta formar parte de este grupo. Como te he dicho antes, en el libro no se distribuyen culpas..., el problema de la culpa se trata al margen, en un capítulo que no sé cómo lo ha traducido Miguel Sáenz...

Desbarajuste...

Desbarajuste. Si estoy orgulloso de algo, aparte de haber escrito algún libro o de haber hecho algún dibujo o alguna escultura, es de tener ocho hijos y ya diecisiete nietos, que están reunidos en un gran conjunto que es la familia...

¿Y cómo se ve a sí mismo como hijo ahora?

Las relaciones con mi padre, que describo en Pelando la cebolla, fueron más bien conflictivas, difíciles. Cuando yo era joven me consideraba, y tenía toda la razón del mundo, como un personaje absolutamente loco por escoger la profesión de artista en tiempos tan complicados, tan revueltos, como aquéllos. Pero luego, cuando me hice un personaje público y adquirí cierta reputación ya no nos peleamos en absoluto... Ahora me resulta más fácil mirarlo con ojos más comprensivos; él era consciente de que era realmente muy difícil en aquellos tiempos hacerse artista, y además era muy posible el fracaso. Quizá no me entendía muy bien, pero representaba una actitud de cariño hacia mí. Por eso ahora lo puedo enjuiciar con más tolerancia y más comprensión.

En este libro hay una invocación: "No juzguéis a vuestro padre. Podéis estar contentos de que exista aún...".

Lo dice la nuera mexicana... Las nueras son mucho más objetivas en los conflictos que los propios hijos...

Se apiadan más.

Claro, además ella tiene el temperamento mexicano. No es seguro que eso haya ocurrido así, pero es cierto que alguna vez me ha contado Ute que ella se lo ha dicho a sus cuñados y a su marido. "Podéis estar contentos de que todavía viva".

Y usted se siente reconfortado con esa reflexión.

Naturalmente.

Fuente de la noticia: El País
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