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12 Mayo 2009

Quien haya leído el último libro de cuentos de José María Merino, Las puertas de lo posible, quedará sorprendido con esta novela, que se sitúa en las antípodas. En aquél, el elemento dominante era la utopía futurista; en ésta lo es la reconstrucción de una mirada crítica sobre la Historia de España. A quienes le seguimos desde hace años no debe extrañarnos ese vaivén, hijo de un escritor inquieto que, siendo un exponente del rango más alto de nuestros cuentistas, visita la novela cada cierto tiempo o reflexiona sobre ambos géneros, como hizo en Ficción continua. Narración, reflexión, inquietud de los géneros y tránsito desde estructuras imaginarias a historias familiares y sociales. No olvidemos que su novela anterior, El heredero (2003), era un cúmulo de secretos anidados en odios y resquemores familiares que jalonaban la visita del protagonista a la casona patriarcal.

 

La sombra del pasado. En La sima se reúnen tres estratos de la obra anterior de Merino. Por un lado, es una historia sobre herederos; esta vez, sobre una familia que vive en su seno la Guerra Civil de los antepasados. A este estrato, proyectado ahora en Fidel, el narrador, y su primo, José Antonio, se le superpone otro: la reflexión sobre cómo ha sido posible y sigue siéndolo un grado de enfrentamiento, tan cruento y lleno de rescoldos, de aquellas contiendas que, como las carlistas o la del 36, pesan notablemente en la política española actual, de la que se ofrecen ráfagas de enfrentamientos, desde ETA a las lecturas contrapuestas del 11-M.

 

La novela termina con estas palabras: «Claro que acabaré la tesis, profesor Verástegui, o a lo mejor, ya puesto, lo que hago es escribir una novela, una novela de tesis, naturalmente». El viejo sintagma de la historiografía sobre el siglo XIX que hablaba de «novelas de tesis» es usado en La sima con un doble sentido: Merino ha querido desarrollar en ella una tesis. No es una novela como otras suyas, en las que el espacio de lo imaginativo tenía dimensiones aquí desaparecidas. Antes al contrario, ha querido plegarse a una interpretación del fenómeno del cainismo que anida en el corazón de la Historia de los españoles y desarrolla la tesis de que la Guerra Civil es continuada por muchos otros episodios que no permiten que se cierre. Esa pervivencia es razonada, en un lúcido momento, de la mano del propio Azaña, con otros muchos enfrentamientos, como los habidos en la España de la Inquisición, en la misma historia de la llegada al trono de Isabel la Católica, y sobre todo, en las guerras carlistas como fenómeno que, tras la discusión entre Fernando VII y el pretendiente al trono Carlos María Isidro, nucleó una confrontación que condicionó toda la Historia del siglo XIX, y que han novelado Galdós, Baroja y Valle-Inclán.

 

El origen del problema. José María Merino se sirve del artificio narrativo de la convergencia en su protagonista y narrador, Fidel, de dos líneas: por un lado, está escribiendo una tesis doctoral que comenzó siendo sobre las guerras carlistas y que -advierte- debe ir ampliando, interesado por situar el origen del problema mucho antes y, sobre todo, mucho después: la manera como a la España de hoy afluyen argumentos de una confrontación civil y religiosa latente. Esa línea, que podríamos llamar «de estudio», se funde en la novela con otra: la historia personal de Fidel, cuya familia ha sido víctima -y él lo está siendo en las relaciones con sus tíos y con su abuelo- de esa herencia cainita.

 

En voz alta. El modo como Merino ha imaginado que podría darse la convergencia de esas dos líneas ha sido concebir la novela como si fuesen «reflexiones para una tesis» que Fidel está escribiendo durante las vacaciones de Navidad, cuando acude a un espacio, «La sima», en vísperas de una exhumación de cadáveres de víctimas republicanas de la Guerra Civil que supuestamente su abuelo mandó fusilar. Ese motivo convierte la novela misma en una narración y una reflexión, como si se tratase de un doble desenterramiento (así se reconoce en la página 179).

 

Consciente de que no basta ya con contar historias (lo que sabe hacer muy bien), sino que hay que reflexionar, Merino lo hace en voz alta y termina por ofrecernos una metamorfosis: los materiales de una tesis se transforman en materiales para una novela. En el fondo, a la altura en que se encuentra de su carrera de escritor reconocido, late como motivación de esta última entrega su interés por una reflexión cívica, de rango ético, en la que ha procurado, a través de sus personajes, ofrecer las razones de un conflicto y una mirada sobre el cadáver no enterrado de las guerras civiles españolas.

 

Fuente de la noticia: ABC
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