generico informar a su mdico acerca de los remedios a base de hierbas, vitaminas y aditivos si se da el caso.
14 Abril 2009
Carlos Marzal; Tusquets. 2008. 152 pp., 14 euros

Con Ánima mía acrisola Carlos Marzal una poética de afirmación fruto de la densa elaboración de Metales pesados (2001), que supuso la inflexión decisiva de su escritura, y que desarrolló en el canto de resistencia frente a lo efímero del existir humano que elevaba el autor en Fuera de mí (2004): "barro que siente euforia de ser barro". Desde de la cita inicial de Santayana, en Ánima mía Marzal no evita las notas de pesadumbre por el desamparo esencial del animal humano, por su fragilidad y su caducidad: ahí están esas densas duermevelas de noches como la de “Insomnio en Bogotá” o esos finales de poema en los que asoma, inoportuna, “la amarga rosa” de la conciencia. Pero el sentido del libro, que estas notas oscuras dimensionan, es un canto de aceptación, una salida al exterior de la intimidad dudosa de la conciencia: "Vamos a volar pájaros,/ salgamos de una vez./ Hay demasiado adentro en este día,/ y adentro es fealdad, adentro es húmedo [...] Pongámonos a carne pasajera,/ vámonos a mirones".

En la reiteración del ánimo jubiloso y alacre, esa "completa alacridad de estar viviendo". Marzal construye un discurso que, siendo expresión genuina de un sentir y de una firme decisión de integración afirmativa en el flujo de la vida, es también un ejercicio de descubrimiento y, en gran medida, de autoconvencimiento -"Me curo de vivir en lo que escribo"-, de afirmación de un yo central exultante que cuida bien de huir del solipsismo: "Quiero tan sólo el mundo/ que se pueda decir con mis palabras justas [...] Allí yo soy quien funda mundos vuestros/ donde vivir muriendo con vosotros".

La indagación en el lenguaje, tan manifiesta y extrema en el decir marzaliano último -véanse ahora "Para se sentir", "Cabe el vivir estoy", "Sintaxis", que tematizan la tensión expresiva en pos del sentido-, es la clave de ese descubrir que va más allá del razonamiento en la corriente de un querer vitalista ("no me defrauda nada de la vida") aplicado a su plural objeto: el tú amoroso, la celebración del hijo, el multiforme canto a la naturaleza y el diálogo entre la conciencia y su lenguaje, pues no otra cosa que la palabra creadora es esa "ánima mía" del título. Si el hijo en su fragilidad recién nacida alcanza a dar sentido al existir adulto -"Más padre tú que yo", dice Marzal en "Dedos de niño"-, es la palabra poética, como en el Jorge Guillén de "Vida extrema", la que en su descubrir interminable culmina lo vivido y da lugar al canto de celebración: "La alegría, si no escribo alegría, no es perfecta,/ y cuando ya la he escrito se me brinda/ la realidad, alegre, para el brindis".

La importancia temática del descubrimiento mediante la poesía se evidencia también en el protagonismo que alcanza en el libro la metapoesía: "Sanación", "Otro cantar", "Sintaxis" y otros, clarifican las claves de esa búsqueda para "alcanzar el nervio del sentido" desde una incertidumbre que el poema no resuelve pero en la que es posible, al menos, prolongar la aventura de ir hallando palabras que consuelen "de nuestra triste condición sin alas". Para este poeta en pleno dominio de su instrumento no hay mejor conclusión, en medio de la intemperie existencial, que la sencilla constatación de estos versos: "Escucho mi canción, y la obedezco./ Le canto a mi dolor y así se espanta".

Fuente de la noticia: El Mundo
PREMIOS LITERARIOS POR ORDEN ALFABETICO
LOS MAS VENDIDOS FICCIÓN // NO FICCIÓN
Desarrollada x Serlib Internet