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11 Agosto 2016

Después de reunir su poesía casi completa en Hecho en falta, Juan Bonilla regresa con un libro donde se registra una crisis social y personal. En Poemas pequeñoburgueses se dan cita la convulsión del tiempo histórico y el espejismo de un tiempo psíquico que propugna que los 50 son los nuevos 40: “Cincuenta años, Juan Bonilla. / Mi más sentido pésame. / Mi felicitación más fervorosa”. Desde la perspectiva de un pequeñoburgués en rebeldía, Bonilla canta a la heroicidad diaria de un sujeto cualquiera, ensalza los superpoderes de la ficción, hace rimar la bibliofilia con otras parafilias y destila fórmulas con textura de aforismo: “Todos somos iguales en el hecho de ser únicos”.

Esta variedad de tonos es solidaria con un pandemonio intertextual en el que se juntan la musa “gitana y parisién” de Manuel Machado, la blasfemia a costa de JRJ (“Oh, Insolvencia, tú sí que sabes / el nombre exacto de las cosas”) o el eslogan calcado sobre la falsilla de ‘Elegido por aclamación’, de Ángel González: “¡A las almas, ciudadanos!”. Más allá del ingenio luminoso de algunas composiciones, el autor también se sumerge en las sombras de la autobiografía: un buen ejemplo es ‘El día de regalo’, un ajuste de cuentas con la figura del padre, en cuyos versos se condensan la memoria colectiva de un país y la novela familiar del escritor. Estos Poemas pequeñoburgueses ofrecen un menú anticrisis y demuestran que la conciencia de clase es una clase de conciencia: la de quienes no han oído hablar de la aurea mediocritas, pero se pasan la vida “buscando la felicidad pequeña, / el instante dichoso, / el simple y milagroso / qué bien estar aquí y / tener lo suficiente”.

Fuente de la noticia: El País
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