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19 Enero 2016

Juan Gabriel Vásquez explora la necesidad de llenar con relatos los vacíos de la historia oficial.

Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) aprendió de su admirado Joseph Conrad que un novelista debe ser un historiador de emociones. Él lleva dedicado desde 'Los informantes' a radiografiar las de su pueblo colombiano maltrecho de violencia. "Colombia es un lugar donde ninguna buena acción queda impune", se lee en 'La forma de las ruinas' (Alfaguara), la última de sus ficciones y a la vez la suma de toda su novelística, la que reúne las obsesiones que le han perseguido tantos años.

Las buenas acciones que no quedaron impunes, y sobre las que trata 'La forma de las ruinas', son las que protagonizaron dos prohombres de la política colombiana como Rafael Uribe Uribe, asesinado en 1914, y Jorge Elíecer Gaitán, que lo fue en 1948. Como en espejo, la novela narra el empeño de dos cazadores de conspiraciones, "dos paranoicos de profesión" empeñados en demostrar que la 'vaina' no fue como la contó la historia oficial.

Juan Gabriel Vásquez supo que tenía que contar la suya cuando, por azares de la vida, tuvo en sus manos una vértebra de Gaitán y un hueso del cráneo de Uribe. Era demasiado para alguien como él "vulnerable a los fantasmas de la historia, y a los objetos que traen sus propios fantasmas". El libro, sin embargo, se convirtió al poco en una reflexión más amplia "sobre cómo heredamos los crímenes del pasado", cómo Gaitán influye aún en la vida del autor porque inevitablemente "sigue moldeando la realidad social y política" del país.

Lo fascinante de las teorías de la conspiración como las que pueblan la novela es que "tienen toda la apariencia de verdad", sostiene Vásquez, y los 'conspiranoides' no difieren mucho de los escritores, conjetura: "Lo que hacemos los novelistas es llenar con imaginación los vacíos de la realidad y de las versiones que la explican; las teorías conspirativas son algo -profundamente humano, remarca- que inventamos para lidiar contra una verdad incompleta, parcial y discutible".

La historia puede parecer muy colombiana, pero es de todas partes. En las páginas del libro aparece el asesinato de Kennedy como podrían estar el 11-M, el 23-F u otros momentos "penumbrosos" del nuestro y de cualquier país. "Nos atañe a todos esa relación tensa que tenemos con la historia cuando intuimos que no nos han dicho la verdad, que ésta se ha distorsionado o maquillado. Nuestro instinto nos conduce a suplir esa carencia con historias, y de ahí surgen tanto las novelas como las teorías de la conspiración. Los relatos son necesarios para darnos la ilusión de un orden, para no quedarse en las heridas abiertas del pasado", explica el autor de 'El ruido de las cosas al caer'.

A Vásquez no le interesaba dedicar 500 páginas a crímenes ya contados sino aventurarse en lugares "donde sólo la novela -a diferencia del periodismo o la Historia- puede ir". Esos territorios no son ni los de la ficción histórica ni los del relato de denuncia, "pues el libro no denuncia nada", sino los de "la reflexión sobre asuntos íntimos, morales y emocionales".

Vásquez nació rodeado de las anécdotas y leyendas acerca del asesinato de Gaitán, muerto 25 años antes de nacer él, y creció en el Bogotá de las bombas de Pablo Escobar. Si una enfermedad define a Colombia es, dice, "la intolerancia, la incapacidad del disenso civilizado, de contradecir sin atacar a la persona", y su naturaleza de narrador le llevó de manera inevitable a explorar los modos de superar ese "legado de violencia".

El país se halla justo ahora ante la "oportunidad histórica" de culminar un proceso de paz que despierta muchos recelos en parte de la población. Vásquez respeta los motivos emocionales de esa prevención, pero confía no ya en el éxito de las negociaciones sino en el "consenso amplio" que será necesario en el plebiscito posterior.

Aunque ha abandonado de momento su columna en 'El Espectador' por el hartazgo que le produjo la tensión de la última campaña presidencial, el novelista no esconde en actos públicos su simpatía por el proceso, aunque cree que "sólo será válido si cuenta con el concurso de toda la sociedad, incluido el uribismo".

Fuente de la noticia: El Mundo
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