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11 Septiembre 2015

Título: El viento que arrasa | Autora: Selva Almada | Editorial: Mardulce |  Páginas: 168 | Formato: 19 x 13  | ISBN:  978-84-942869-4-0| Precio: 13 euros

La historia de un pastor protestante y su hija, de viaje por el selvático norte argentino, que situó a Selva Almada a la cabeza de los nuevos narradores latinoame ricanos tras su éxito entre crítica y público.

De viaje por el norte del país, los protagonistas sufren una avería en su vehículo y se detienen en un taller ubicado en medio de la nada. La historia se desarrolla en un clima de conflictos y tormentas, catástrofes latentes y locura solapada.

Retomando una gran tradición latinoamericana -de Onetti a Rulfo- influenciada por los escritores del sur norteamericano -como Faulkner y Carson McCullers-, la obra se lee con gran intensidad, hasta dejarnos sin aliento, con personajes nítidos, corpóreos, donde se escuchan sus voces, sus modos. Y los del paisaje: el sol fuerte, los árboles tupidos, los coches averiados, las camisas transpiradas y las vidas destruidas.

Selva Almada es la aparición más destacada de la literatura argentina contemporánea y El viento que arrasa, su gran novela. Publicada originalmente en Buenos Aires en 2012, el libro logró conciliar como pocas veces un gran éxito de público con el elogio unánime de la crítica más exigente. Con 18.000 ejemplares vendidos, traducida al francés, alemán, portugués, italiano, holandés y sueco, en proceso de producción las adaptaciones cinematográfica y teatral, la novela es de altísima calidad literaria.

1

El mecánico tosió y escupió un poco de flema.

-Tengo los pulmones podridos -dijo pasándose la mano por la boca y volviendo a inclinarse bajo el capot abierto.

El dueño del auto se secó la frente con un pañuelo y metió su cabeza junto a la del hombre. Se ajustó los anteojos de fina montura y miró el amasijo de hierros calientes. Después miró al otro, interrogante.

-Va a haber que esperar a que estos fierros se enfríen un poco.

-¿Lo puede reparar?

-Calculo que sí.

-¿Y cuánto va a tardar?

El mecánico se irguió, le llevaba dos o tres palmos, y levantó la vista. Faltaba poco para el mediodía.

-Para la tardecita, calculo.

-Tendremos que esperar acá.

-Como guste. Comodidades no hay, ya ve.

-Preferimos esperar. Si Dios nos ayuda por ahí termina antes de lo que piensa.

El mecánico se encogió de hombros y sacó un atado de cigarrillos del bolsillo de la camisa. Le ofreció uno.

-No, no, Dios bendito. Lo dejé hace años. Si me permite, usted debería hacer lo mismo...

-La máquina de gaseosas no anda. Pero en la heladera deben quedar unas latas si quieren tomar algo.

-Gracias.

-Dígale a la señorita que baje. Se va a asar adentro del auto.

-¿Cómo era su nombre?

-Brauer. El Gringo Brauer. Y aquel es el Tapioca, mi ayudante.

Fuente de la noticia: El Boomeran(g)
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