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10 Septiembre 2015

El escritor y cineasta publica «A los actores», una colección de memorias en la que repasa su trabajo con Fernando Fernán Gómez, Ángela Molina o Alfredo Landa, entre otros.

El día que Manuel Gutiérrez Aragón (Torrelavega, Cantabria, 1942) colgó la claqueta y le dijo adiós al cine se entregó a una de sus pasiones, la escritura, pero dejo huérfana otra devoción: la que profesaba hacia los actores. «Quien me lo iba a decir, con la lata que dan en los rodajes», recuerda ahora en «A los actores» (Anagrama), un libro que el académico de la Lengua concibió como un ensayo para suplir las lagunas que sobre el trabajo del actor tienen todas las teorías cinematográficas y que se ha acabado por convertir en una suerte de memorias selectivas sobre su experencia con Fernando Fernán Gómez, Ángela Molina, José Coronado o Alfredo Landa, entre otros.

«En todas las teorías del cine el actor queda un poco marginado pero, por otro lado, nunca decíamos que íbamos a ver una película de John Ford, sino que íbamos a ver una de John Wayne. Siempre se hablaba del actor, era lo primero que entraba por los ojos», relata Gutiérrez Aragón, para quien «A los actores» es una manera de «volver al cine sin volver». «Es una manera un poco vergonzosa de volver», bromea. El director de «Cosas que dejó en La Habana», retirado del cine tras presentar en 2007 «Todos estamos invitados», desempolva así recuerdos de rodaje y asegura que, a la hora de ponerse delante y detrás de una cámara, «el juego está con los actores». «El cine es una cuestión de urgencia, así que después del guión y la producción lo que queda es el juego con los actores». Porque, añade el escritor, no hay un método único para trabajar con los actores. «Fernán Gómez, por ejemplo, detestaba el método, pero a otros les ha dejar su tiempo para meterse en el personaje», añade.
Epoca dorada

«A los actores» es también el recuerdo de una época, la de películas como «El corazón del bosque», «Maravillas» o «Demonios en el jardín» en la que, recuerda Gutiérrez Aragón, «había un gran maridaje entre el público y los espectadores». «Tuvimos la suerte de vivir una época dorada en la que se nos escuchaba y las películas se estrenaban fuera de España. Nosotros éramos la Marca España», asegura. Con todo, el autor de «La vida antes de marzo» apunta que si algo ha cambiado, además de la precariedad del «cine medio», es la preparación de los actores. «Antes mucha gente se iba a la interpretación por hambre. Ahora están mucho más preparados y el cambio en las escuelas de actores es radical, pero con los de posguerra no había vocación, había hambre», subraya.

Con los dos pies en la literatura aunque siempre atento a lo que ocurre en el mundo del cine, Gutiérrez Aragón considera que «el desarrollo del lenguaje del cine todavía no ha terminado» y defiende que gracias al trabajo de unos cuantos guionistas, especialmente de series estadounidenses, el cine y la literatura están más cerca que nunca. Es más: para el excineasta, «el cine está devolviendo a la literatura lo que aprendió de ella». «Las novelas que se escriben hoy en día, sobre todo thrillers nórdicos y anglosajones, tienen un estructura cinematográfica, pero autores como Galdós o Emilia Pardo Bazán ya escribían novelas que podrían ser consideradas guiones. De hecho, mucho de lo que se estudia en las escuelas de guión viene directamente de las estructuras de la novela del XIX», explica.

Fuente de la noticia: ABC
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