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9 Junio 2015

Idioma original: inglés . Título original: Redeployment . Año de publicación: 2015 . Traducción: Inga Pellisa . Valoración: hoy, imprescindible.

La etiqueta dice que este libro se ha alzado con el National Book Award y uno de las frases de la contratapa lo define como "necesario". Puede que los estadounidenses tengan un montón de premios, no siempre en sintonía con la calidad literaria y puede que, llegado el caso, del marasmo de medios uno sea capaz de encontrar siempre alguna clase con el contenido idóneo a nivel promocional. Puede que haya que ser algo escéptico con esa obsesión de venderlo todo como definitivo.
Mención aparte de la extensa obra dedicada a los dos grandes conflictos del siglo XX, mis acercamientos a la literatura bélica más contemporánea han sido algo esporádicos y, curioso, siempre en escritos desde el punto de vista del combatiente. Pero, desde ahora, a Prcic y Prilepin les va a acompañar Klay, que encima da en la diana con un tema candente al máximo: Irak, donde la gente de ISIS está poniendo a prueba ese engañoso convencimiento de que ya está: que los hemos civilizado, les hemos entregado nuestra democracia y todos contentos.
Nuevo destino dispone, al final de la novela, de un glosario de media decena de páginas con explicaciones de todas las abreviaturas profusamente usadas para mencionar todo tipo de asuntos militares. Unidades, armamento, protocolos. Todo está ahí, primero para marcar paquete de que el autor habla con pleno conocimiento de causa, y después, no lo niego, para abrumar un poco al lector y generarle una sensación de otredad. Porque un conflicto bélico como ése no parece contar con muchos precedentes. Los marine cargados de tecnología y con una formación abrumadora (y por tanto, con una retribución espectacular) paseándose entre las ruinas de las ciudades, con una sensación que este párrafo retrata:

Algunos dicen que el combate consiste en un 99 por ciento de aburrimiento absoluto y un 1 por ciento de puro terror. Los que dicen esto no están en la PM (policía militar) en Irak. Por las carreteras, iba todo el tiempo asustado. Tal vez no puro terror, eso es para cuando las bombas estallan realmente, pero sí una especie de terror de baja intensidad que se mezcla con el aburrimiento. Así que sería un 50 por ciento de aburrimiento y un 49 por ciento de terror del normal, que es la sensación general de que podrían morir en cualquier momento, y de que todo el mundo en este país quiere matarte. Y luego, por supuesto, está el 1 por ciento de puro terror, cuando el ritmo cardíaco se te dispara y tu campo visual se cierra y las manos se te quedan blancas y todo el cuerpo te zumba. No puedes pensar. No eres más que un animal, haciendo eso para lo que te han entrenado. Y luego vuelves al terror normal, vuelves a ser humano y vuelves a pensar.

Los relatos de Nuevo destino son excelentes para eso que llamamos tener una visión de conjunto. El tono directo y crudo de los primeros podrían hacernos pensar que estamos ante una especie de Knockenstiff de Faluya, pero, a medida que nos adentramos en la lectura, comprendemos distintos puntos de vista, vamos tomando conciencia de que Klay está entregándonos el menú completo, de que no se limita al día a día del soldado de a pie (genialmente descrito en la excelente serie Generation Kill de David Simons), sino que empieza a encajar piezas en el complejo rompecabezas que suponen todas las acciones occidentales (Kuwait, Afganistán, Irak) en la zona, y se nos presentan todas las grandes situaciones que ejemplifican un conflicto, aún, candente y presente.
Así, Nuevo destino, primer cuento, es un puñetazo en la mandíbula. Una especie de guiño al calado que representa la abulia en el carácter del ex-combatiente. Desde ahí encontraremos historias de soldados fallecidos, relaciones post-conflicto, disquisiciones sobre sus causas, choque de religiones, choque de culturas, OLI, especie de broma repleta de siglas que nos obligará a un uso intensivo del glosario (y, por capilaridad, nos familiarizará con lo que nos parecerá una especie de guerra administrativa). Y todo contagiado de un tono difícil de describir, mezcla de orgullo patrio, resignación y humor negro.

Esta mañana nuestro cañón ha descargado unos cien kilos de ICM en un control de contrabando diez kilómetros al sur. Nos hemos cargado a un grupo de insurgentes y luego hemos ido a comer a la cantina de Faluya. Yo he tomado pescado y habones. Intento comer sano.

Partiendo de experiencias personales y ajenas, Klay compone un retrato heterogéneo, introspectivo a ratos, periodístico por momentos, con cierta tendencia reflexiva (especialmente en Plegaria desde el horno de fuego ardiendo, narrado desde el punto de vista de un capellán militar y en Operaciones psicológicas, recorrida por una conversación entre una musulmana y un soldado), pero excelente tanto en su ejecución como en la progresiva incorporación de tonos hasta completar un crisol de la base humana de todos los conflictos. Sorprende la ausencia de las altas esferas, de los círculos de decisión que involucran a las naciones en las guerras, pero apostaría a que esa invisibilidad es una opción voluntaria. Tildar Nuevo destino o no como un libro anti-belicista sería apartarnos de lo esencial aquí. Es una colección magnífica y consigue, aunque su ritmo sea algo desigual, que el lector comprenda muchas de las situaciones de esa guerra. Desde el miedo al presente hasta el miedo al futuro, sea inmediato o lejano. Brillante, hostil, tan fiel como cruel. Por lo menos, el libro del semestre.

Fuente de la noticia: Un libro al día
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