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27 Mayo 2015

El helenista Pablo Olalla, que acaba de publicar en España "Grecia en el aire", ha asegurado a Efe que "entre la democracia ateniense y las democracias actuales no hay ningún vínculo genético directo", ni semejanzas, sino "básicamente diferencias fundamentales".

Si en "Historia menor de Grecia" Olalla presentaba un libro de ética, "Grecia en el aire" (Acantilado) es complementario: "Se trata de política en el sentido aristotélico" y para hacerlo el lugar ideal es Atenas, "no sólo por haber sido el escenario en el que nació la polis y la política, sino también en el que surgió la democracia y donde está siendo hoy sistemáticamente desmantelada".

Para Olalla, es importante volver a las fuentes, para recuperar esos valores y oxigenarlos y poner en evidencia que lo que hay actualmente no es como se quiere hacer creer una versión moderna y adaptada a la complejidad presente de la antigua democracia ateniense, "sino que es su negación".

Sostiene que "desgraciadamente" quienes gestionan las democracias representativas parlamentarias actuales "utilizan el nombre, su prestigio, el sistema del voto y algunos otros rasgos formales de la antigua democracia ateniense para salvaguardar sus propios intereses de clase en oposición al interés general".

En su opinión, la diferencia fundamental entre la antigua democracia ateniense y las actuales es que "antes el Estado era el conjunto de los ciudadanos, no era un organismo distanciado e independiente que actuaba de forma coercitiva sobre ellos"; "y ahora hay un 'ellos' y un 'nosotros".

Reconoce Olalla que en la Grecia clásica no todas las personas eran iguales ni igual de valiosas o de ricas, pero había un deseo de compensar las desigualdades económicas y de otra índole a través de la igualdad política, mientras que en el mundo actual "las desigualdades económicas están en la base de la fuerza política y los más económicamente poderosos son los que más fuerza política consiguen".

Añade el autor que la democracia griega actual es exactamente igual que la del resto de nuestro mundo: "Es heredera de la tradición del republicanismo romano, pasada por el parlamentarismo liberal y reconvertida en instrumento al servicio de las elite económico-financieras, como en la mayoría de países".

Olalla admite que pueda haber diferencias de "matices de imperfección" entre las democracias actuales, pero existen "grandes diferencias estructurales entre la democracia antigua y las actuales".

El experto subraya que el origen de esa imperfección se debe buscar "cuando a partir de la Ilustración y el liberalismo empiezan a surgir movimientos para ganar parcelas de poder frente al absolutismo, que acaban generando un sistema parlamentario inspirado en modelos y textos mucho más provenientes del republicanismo romano, marcadamente patricio, es decir, clasista".

A su juicio, preceptos de la democracia ateniense como que 'el ciudadano está facultado para gobernar y juzgar' siguen siendo hoy "revolucionarios" más de dos mil años después.

Nosotros somos mucho más ciudadanos en el sentido romano, es decir, como "beneficiarios pasivos de una serie de derechos", lejos de la visión griega ateniense, en la que los ciudadanos eran "portadores activos de la soberanía y protagonistas de su propio gobierno".

En ese contexto, Olalla piensa que los movimientos que han surgido en algunos países europeos, como Syriza o Podemos, son "reacciones ante la evidencia de que las democracias son muy deficientes en el sentido soberanista del término", aunque es consciente de que no se puede pasar de la noche a la mañana a un gobierno asambleísta eficaz y generalizado.

"Una dictadura se puede imponer de la noche a la mañana, pero una democracia no se puede imponer del mismo modo, necesita un cultivo profundo de una ciudadanía sobre la que sustentarse y este es un proceso largo y difícil".

A su juicio, la llegada de Syriza al poder era "necesaria y esperable" y lo consiguió porque tuvo la precaución de no enarbolar un discurso demasiado rompedor con Europa, pero esta actitud está demostrándose, como también era previsible, que es "un corsé que imposibilita la opción de ruptura y que aboca a su gobierno hacia una opción de continuismo".

Para convertirse en una opción de ruptura, Olalla aboga por que "Syriza plantee abiertamente la negación unilateral de la deuda, la impugnación de los memorandos y del acuerdo de préstamo, la ruptura con la moneda única e incluso la ruptura con la UE".

Olalla muestra su convencimiento de que "Grecia no tiene vida dentro del euro", ya que antes de entrar en el euro, "tenía más soberanía, peso económico y más autonomía, más capacidad de relación internacional, tenía pleno empleo, capacidad de ahorro, un crecimiento anual del 4 %, un importante tejido agrícola, y desde su entrada en la moneda única su deuda externa histórica se ha multiplicado por 2,5".

Fuente de la noticia: Yahoo Noticias
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