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7 Enero 2015

El escritor y periodista Jorge Fernández Díaz publica el libro 'El puñal' una trama sobre el narcotráfico y la trastienda de la política.

Hace más de 40 años una señora asturiana, casi sin instrucción, le regaló a su hijo en Argentina una colección de libros de Joseph Conrad, Robert Louis Stevenson, Daniel Defoe, H.G. Wells... Al niño le impactó tanto El signo de los cuatro, de Arthur Conan Doyle, que se propuso hacer algún día a otros lo mismo que el creador de Sherlock Holmes le estaba haciendo a él. A los 15 años lo intentó con una novela de espías, corruptos y mujeres fatales. “Pero yo no sabía un carajo del amor ni de la política”, asume. Ahora, con 54 años y una dilatada carrera como periodista y escritor, el subdirector y columnista del diario argentino La Nación, Jorge Fernández Díaz, logró escribir aquella novela. Se llama El puñal, la editó Planeta en Argentina y ha vendido en un mes y tres ediciones 40.000 ejemplares, algo insólito en este país.

“Tardé casi cuarenta años en lograrlo”, comenta Fernández Díaz. “Me ayudó muchísimo Arturo Pérez-Reverte, amigo y mentor de tanto tiempo. Y te aseguro que al empezar El puñal mi intención no era hacer una novela policial. Pero resulta que al final escribí una. ¿Por qué? Porque la política argentina es una novela negra”.

Muchas veces se da la paradoja de que sólo la ficción puede contar la realidad

Jorge Fernández Díaz

Pregunta. Pérez-Reverte calificó El puñal como “estremecedoramente argentina”. ¿Por qué cree que la considera tan argentina?

Respuesta. Tal vez lo dijo porque se muestra la venalidad de los jueces y la corrupción de la policía, la manipulación de los dirigentes, la mancha voraz de la narcopolítica. Y porque todo tiene precio. Es una novela donde todos son corruptos y todos tienen una buena excusa para serlo. Eso es bien argentino, aunque me parece que Europa no quedó a salvo de esa amoralidad descarada. Esa ‘maldad insolente’, como diría Discépolo.

El peronismo se transformó en lo que combatía: una oligarquía estatal

Jorge Fernández Díaz

P. La novela describe la relación entre el espía argentino Remil y la abogada española Nuria Menéndez Lugo. ¿Por qué ese protagonista?

R. Me interesaba crear un personaje original: un excombatiente de Malvinas a quien entrenan como comando y a quien infiltran en bandas, pero cuyo trabajo central consiste en ayudar a los políticos en sus asuntos menudos: una hija de un diputado desaparece con un novio y Remil debe buscarla. Entre una y otra cosa a veces hace de guardaespaldas presidencial. Hasta que le encargan investigar a una misteriosa abogada de quien se obsesiona. No sabe todavía que Nuria viene de España con la misión de montar un holding transportador de cocaína. El negocio más peligroso del mundo.

P. ¿Dónde está para usted la frontera entre realidad y ficción?

R. Los personajes son ficticios, pero están formados por cientos de personas reales de la política y el poder. Y los episodios que se narran, por más que parezcan desmesurados y exóticos, son equivalentes a hechos muy parecidos que sucedieron en mi país y de los que tengo los expedientes judiciales. Los periodistas podemos publicar apenas el 10% de lo que sabemos. Y eso ocurre porque sólo debemos publicar lo que se puede probar. Es ahí donde el periodismo tiene un sano límite. Pero desde esa frontera, la literatura permite dar un paso más allá. Y contar lo inenarrable. Muchas veces se da la paradoja de que sólo la ficción puede contar la realidad”.

P. En Argentina no existen carteles al estilo de Colombia o México. ¿Le preocupa el avance del narco en el país?

R. Creo que la política lo dejó venir y que cada vez será más influyente. Vino de la mano del clientelismo y de un populismo cutre. No puede existir sin la connivencia de jueces, policías, espías, políticos, funcionarios, sindicalistas. Todos los sectores están involucrados, aunque hay gente honesta en la política que intenta actuar como anticuerpo. Ya se están produciendo muertos a gran escala. Y si no existe una política nacional a conciencia, siento que el asunto puede darnos grandes dolores de cabeza. En mi país, la industria de la impunidad es muy grande: somos muy apetecibles para los bandidos de adentro y de afuera.

P. En El puñal hay un capítulo titulado La reina del peronismo caviar. ¿A qué hace referencia?

R. El peronismo se transformó en lo que combatía: una oligarquía estatal, una casta que no se va del Estado ni de los negocios. Vino a combatir la cultura rancia de los ricos y casi todos sus dirigentes se convirtieron en millonarios. Muy pocos pueden explicar su fortuna. Son un partido único: pueden adoptar distintas políticas porque carecen de otra ideología que no sea la retención del poder. Muchas veces, el peronismo pudo convertirse en un partido interesante. Pero como ciertas mujeres que se enamoran de los hombres equivocados, cada vez que debió pronunciarse lo hizo por líderes mediocres, autoritarios o tóxicos.

Fuente de la noticia: El País
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