generico informar a su mdico acerca de los remedios a base de hierbas, vitaminas y aditivos si se da el caso.
10 Diciembre 2014

Hanif Kureishi desmitifica la vida de un maniaco autor de culto que evoca algunos rasgos de Naipaul en su novela 'La última palabra'.

En el crepúsculo de su carrera, una carrera que ha incluido grandes libros, grandes libros que le han permitido ganar fortunas, Mamoon Azam, un escritor con aspecto de monstruo sagrado, empieza a tener serios problemas para pagar sus facturas. Es entonces cuando a su mujer, la bella y neurótica Liana, se le ocurre convertirle en una marca. Y no está pensando en un bote de ketchup Heinz ni en una pluma Mont Blanc sino en algo parecido a Picasso. O Roald Dahl. "Cada cinco minutos entran y salen multitudes que pagan una fortuna por visitar el lúgubre cobertizo donde escribía", dice, refiriéndose al autor de 'Charlie y la fábrica de chocolate'. Es entonces cuando Mamoon, el septuagenario y huraño protagonista de la última novela de Hanif Kureishi, puntualiza que existe una enorme diferencia entre él y Dahl porque, dice "Dahl lleva años muerto. A lo que su mujer responde: "Pero sigue vivo en la mente de la gente". 'La última palabra' (Anagrama) es la historia de cómo se convierte a un escritor en esa clase de marca pero también es un combate, entre los ideales de juventud y su aspecto final, entre la ambición con la que se inicia una carrera literaria y la aceptación (de la decepción) con la que se inicia el descenso de la cima.

"Fue así como la concebí. Como un combate", confiesa Kureishi, que viste una maltratada camisa de cuadros azul y negra y no deja de toquetear el par de anillos que lucen sus meñiques. Un par de anillos de aspecto misterioso. "Oh, éste de aquí es un conejo", explica, "y éste otro un gato. Me los regaló un mago francés. Son anillos de vudú. Con éste" -dice, señalando el que tiene aspecto de conejo- "puedo hacer vudú malo. Es decir, por ejemplo, si un crítico se mete con una de mis novelas, puedo frotarlo y, bueno, ocurrirá algo malo. El otro es bueno, hace vudú bueno". ¿Lleva Mamoon anillos parecidos? No, Mamoon acostumbra a vestir chándal y a gritar por las noches. Es, como suele decirse, un hueso duro de roer. En especial para su biógrafo, el joven y ambicioso Harry, Harry Johnson, un chico de buena familia que habla con su madre muerta y que piensa pasar una temporada en la mansión que el escritor comparte con su esposa romana y un puñado de criados en la campiña inglesa.
"Yo era tan ambicioso como él"

No, dice Kureishi, ni Harry ni Mamoon están inspirados en ningún escritor concreto. Aunque sienta a Harry próximo por su ambición. "Yo era tan ambicioso como él cuando era joven", confiesa. ¿Ya no lo es? "El artista no deja de perseguir su obra. Un día tras otro. Hasta el final. No piensa en el pasado, sólo en todo lo que le queda por escribir. Escribir es una especie de locura, una obsesión", contesta. Aunque, añade, "en muchos sentidos esta es también una novela sobre mi trabajo, sobre aquello que me permite ganarme la vida y que permite que se ganen la vida buena parte de mis amigos y conocidos. No tanto sobre el acto de escribir en sí, sino más bien sobre el negocio de la literatura". Y, también, por supuesto, sobre la biografía, como concepto. "Escribir una biografía es sumergirse en un proceso de desmitificación de aquello que adoramos. Tengo un hijo mago, y diría que con los escritores ocurre como con los trucos de magia, cuando conocemos su secreto, dejan de interesarnos", señala Kureishi que insiste en que, aunque puedan encontrarse ciertos paralelismos entre la vida de Naipaul y Mamoon, "Naipaul no es Mamoon". "Siento muchísima admiración por él y es amigo de mi familia en Pakistán. Me ha influido muchísimo como escritor, pero insisto en que no quería hacer el retrato de un escritor en concreto, sino sobre una especie de monstruo", dice. "Me divierten los malos. Pueden decir y hacer cualquier cosa", añade.

En tanto que proceso de desmitificación, la novela contiene una crítica a la llamada 'biografía de tabloide', el modelo de biografía más extendido hoy en día, aquel que pretende no sólo desmitificar, sino en muchos casos, destruir a su protagonista. No en vano es gracias a sus biografías que se sabe que Proust torturaba ratas y que donó los muebles familiares a burdeles; o que mientras Sartre vivía con su madre, Simone de Beauvoir le hacía de proxeneta consiguiéndole jovencitas, o que John Cheever merodeaba por los baños públicos en busca de jovencitos para luego regresar a casa con su esposa. "No importa lo que digan de ti. No hay nada peor que ser una persona normal", apunta, en un momento dado, en referencia a la neurosis de buena parte de sus personajes. En cualquier caso, ¿ha intentado alguien escribir sobre el propio Kureishi?. "No así. Sé que se ha escrito sobre mí, pero no así. A veces me pregunto si a alguien le interesaré alguna vez lo suficiente como para hacer algo parecido a lo que Harry hace con Mamoon. No estaría en contra de que ocurriera. Me encantaría ver lo que he hecho desde fuera", dice. ¿Y qué hay de una posible versión cintematográfica del libro?. "He escrito un guión, pero me temo que no es demasiado bueno. Si encuentro al productor y el director adecuados puede que se haga. Me gustaría que la protagonizara Ben Kingsley. Es perfecto para interpretar a un personaje psicótico como Mamoon", concluye.

Fuente de la noticia: El Mundo
PREMIOS LITERARIOS POR ORDEN ALFABETICO
LOS MAS VENDIDOS FICCIÓN // NO FICCIÓN
Desarrollada x Serlib Internet