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26 Noviembre 2014

El autor de la exitosa «El psicoanalista» vuelve con una nueva novela de suspense, «El estudiante».

John Katzenbach (Princeton, 1950) fue reportero de sucesos para el «Miami Herald» antes de convertirse en un superventas y de que sus novelas comenzasen a adaptarse a la gran pantalla. Eso le ha convertido en un gran conversador, y esta entrevista en algo muy difícil de adaptar a la página. El autor de la exitosa «El psicoanalista» vuelve con una nueva novela de suspense, «El estudiante», publicada por Ediciones B.

-Quizás lo más interesante de su obra es cómo desarrolla thrillers en los que el protagonista no es un superpolicía sino una persona normal.

-Tengo una opinión que, a falta de un término mejor, llamaremos la «Teoría Spiderman». Cuando nosotros vemos al «Hombre Araña» sabemos que va a pasar por una enorme cantidad de problemas, quizás sufrir una paliza o dos, pero al final va a ganar, sin importar lo listo, fuerte o malvado que sea el malo de la historia. Esto para mí es lo opuesto al suspense. Puede ser entretenido pero no crea tensión psicológica.

-¿La vulnerabilidad es la clave, entonces?

-Exacto. Los personajes vulnerables, con defectos y debilidades, indecisos como tú y como yo. Los lectores pueden identificarse con un joven peleando contra los demonios del alcohol como el protagonista de «El estudiante» mucho más que con un tío con superpoderes que tira arañas desde sus muñecas.

-Desde luego retrata a la perfección las mentes torturadas. Me sucede con todas sus novelas, cada vez que leo una pienso que su propia mente debe ser oscura y tormentosa.

-No sé, quizás un poco. Lo curioso es que no creo haber creado un personaje o un argumento que sea tan perturbador como los titulares de cada día. Dicho esto, sí que tengo un modo inusual de tratar las dinámicas del crimen, la venganza y las arenas movedizas que estos representan.

-¿Sus años como reportero criminal tienen la culpa de eso?

-Estar en Miami durante los años en los que fue la capital mundial del tráfico de drogas fue todo un aprendizaje acerca de las cosas malas que las personas pueden llegar a hacerse. Eso sigue influyendo en los libros que escribo hoy en día. Había un investigador en la oficina del fiscal del estado que tenía un papel sobre su mesa que decía: NO LEVANTAR. Nadie hacía caso, y cuando quitaban el papel, se encontraban debajo una foto de una terrible escena de un crimen. La llamaban «Piezas de a ocho», un nombre que tenía poco que ver con la moneda pirata y sí mucho con partes del cuerpo.

-Detalles como ese enriquecen sus novelas, pero usted equilibra muy bien el rigor con el placer de la lectura.

-Eso es siempre un desafío. Un gran escritor como Patrick O’Brien, con sus novelas llenas de detalles -desde cómo atar un nudo a cómo esperar un cañón de doce libras- puede permitírselo por el género, pero es una rara excepción. Yo trato de hallar ese equilibrio a diario, novela a novela. ¡Espero encontrarlo algún día! (risas).

-Me interesa saber cuándo fue la primera vez que pasó auténtico terror.

-Extraña pero interesante pregunta. El jodido Walt Disney tiene la culpa. Era muy joven y me llevaron a ver la película animada «The Legend of Sleepy Hollow», con Ichabod Crane, la profesora y el jinete sin cabeza. Ese jodido jinete me asustó. Y la idea de un demonio sin cabeza persiguiendo a la gente se quedó conmigo durante años. Perturbadora. Agónica. De hecho, fui a la Universidad en la misma zona del Valle del Hudson donde transcurría, 200 años antes, esta historia. En mi primer año, iba conduciendo hacia un apartamento situado fuera de la zona del campus (era tarde, pasada la medianoche). Hacía viento. Las hojas secas danzaban por los arcenes de una carretera solitaria, vacía y oscura ; y estaba 100% seguro de que podía escuchar los cascos del caballo del jinete detrás de mí. No podía ni mirar por el espejo retrovisor. Simplemente pisé el acelerador a fondo y saqué mi asustado culo de 18 años de allí.

-¿Quizás siente el mismo miedo cuando va al cine a ver una obra suya? Porque aunque buenas, no suelen respetar el espíritu de sus novelas.

-Las adaptaciones cinematográficas son… ¿Cómo decirlo? Un poco frustrantes. ¿Muy frustrantes? A menudo los productores y directores pierden de vista por qué querían convertir un libro en película. O los guionistas están más interesados en escribir escenas aterradoras y olvidan completamente la historia. Ese ha sido mi caso, a pesar de que France 2 Television, hizo una adaptación maravillosa de «El hombre equivocado». La próxima será diferente. Ahora mismo, un director y productor español está desarrollando «El psicoanalista». Su empresa Life & Pictures es realmente vanguardista y tengo una inmensa confianza en su habilidad.

-Lo que sí es hábil es su capacidad para relacionar el asesinato y la adicción en «El Estudiante».

-Esa relación está pensada para establecer una inesperada fuente de suspense. Cuando Moth, el personaje principal de «El estudiante», recluta a su novia del instituto, Andy Candy, para que le ayude a vengarse, está tan en peligro por el asesino al que persigue como por el alcohol que está poniendo en peligro todo su futuro. Así, la novela va de encontrar al asesino y enfrentarse a él y, simultáneamente, de encontrar un camino de salida a los propios miedos y defectos. Mucho está en juego en las páginas de este libro y ninguna de las respuestas es fácil… Lo cual, como bien sabrás gracias a tu trabajo, es no sólo lo que crea suspense, sino también la razón por la que cada día nos sentamos y terminamos de contar nuestras historias.

Un thriller que es pura adicción
No hay nada en la vida más peligroso y desaconsejable que tener razón. Y si encima eres un alcoholico a punto de cumplir tu centésimo día en secano, tener razón y demostrarlo se te hará aún más difícil. Y si para colmo de lo que estamos hablando es del asesinato de tu tío, tu único apoyo en tu batalla contra la adicción, todo se complica más aún. Así comienza «El estudiante», con el joven Timothy Warner intentando demostrar a la policía que el supuesto suicidio de su tío no es más que un montaje. Sólo Andrea Martine, la exnovia del protagonista, puede servir de ayuda, aunque ninguno de los dos está preparado para enfrentarse a la mente enferma que ha orquestado el suicidio de Ed. John Katzenbach vuelve a demostrar que es un genio en el manejo de tramas oscuras y de personajes complejos, y que narra con maestría los más aterradores recovecos de la mente. «El estudiante» se lee de un tirón y asegura un par de tardes de sillón orejero y suspense más que recomendables.

Fuente de la noticia: ABC
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