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22 Agosto 2014

El dibujante Sergio Salma recoge la trayectoria del icono del cine galo en un exhaustivo tebeo de 224 páginas.

Gérard Depardieu encarnó al orondo Obélix en al menos cuatro películas y, ahora, con un movimiento que tiene algo de lógica, es carne de tebeo. La irónica conexión es cosa del diario «Le Figaro», que recoge con retranca una explosiva novedad editorial: el próximo septiembre llegará «Gérard Depardieu, una vida en viñetas», o un repaso –224 páginas de hazañas– a la trayectoria del gran actor nacional galo y que firmará el dibujante Sergio Salma. Bamboo, la editora que impulsa el proyecto, ya ha anunciado que el cómic ronda «la vida de un monstruo sagrado narrada en gags, viñetas y microrelatos». No falta nada.

Por el momento, la portada promete. Sobre fondo rojo, un retrato poco amable del astro le presenta sonriendo en primer plano bajo la sombra de una nariz cuya silueta invita a un inequívoco paralelismo. Y el timing no podía ser más indicado. Con flamante pasaporte ruso y cartera fiscal en Bélgica, el actor se las ha arreglado para generar un caudal informativo que, entre palmaditas de Putin y desbarros etílicos, le ha mantenido durante meses en las páginas del amarillismo ilustrado. Salma se limita a parametrar el caso Depardieu para condensar un tebeo que germinó primero en su propio tablón de Facebook, donde, a modo de registro de cada nuevo escándalo, colgaba la correspondiente viñeta.
El caso es que, según avanza la editorial, el relato rastrea la infancia del de Chateauroux, su volcánica adolescencia y la
impresionante carrera que vino después. Truffaut, Sautet, Bertolucci, Pialat o Resnais le vieron crecer –en todos los sentidos– mientras las salas francesas adivinaban en su andar tosco y aquel gesto de boxeador ingenuo a ese tipo normal que, como Piccoli, Dewaere o incluso Bourvil, podía dejar de serlo. Depardieu, y ahí tal vez resida la química de su leyenda (y por tanto del tebeo), siempre ha rebasado la pantalla con una atropellada energía que –en un frecuente viraje ideológico– le llevó de la militancia comunista a las soirées de Mitterrand y, finalmente, la compañía de Sarkozy o Putin, amigo de actores y también de Steven Seagal. Y todo está en viñeta y bocadillos.
El personaje Depardieu

Porque el tebeo confirma la deriva personal del icono hacia lo caricaturesco, la ficción. Lo bueno es que Depardieu debe ser consciente, lo cual explicaría su decisión de interpretar al denostado Strauss Kahn en la última y provocativa película del genio norteamericano Abel Ferrara. Fue otro gesto comentado y, de paso, una reveladora fusión de dos escenas, del escenario al Elíseo, para conjugar otra dupla de naufragios en el santoral francés. Tras la cámara de Ferrara, Depardieu se entregaba a una batalla de excesos que destapaba lo muy consciente que es el francés de sí mismo. De lo contrario hay está –por si acaso, para recordárselo– el tebeo de Salma.

Fuente de la noticia: ABC
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