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9 Julio 2014

El cómico revive en el libro 'Espinete no existe' la infancia de treintañeros y cuarentones desde un punto de vista divertido e irónico.

Hay objetos que, por arte de magia, actúan como máquinas del tiempo. Eso es lo que ocurre con el libro Espinete no existe (Plaza & Janés) del cómico, presentador, guionista y mago Eduardo Aldán, colofón de la obra de teatro homónima que lleva diez años en cartel y con una nueva temporada a la vuelta de la esquina, a partir de septiembre. Solo hace falta ojear un ejemplar del libro para que se active el traslador (como lo llamaría otro mago, Harry Potter) y trasladarse inmediatamente a la infancia de la década de los setenta y ochenta del siglo pasado, cuando los treintañeros y cuarentones de ahora no eran más que niños que compartían un universo muy similar. Por eso, resulta tan fácil identificarse con el compendio de juguetes, dibujos, series de televisión, cromos, comidas… que Aldán recupera del olvido para  dejarnos con un explosivo y nostálgico sabor de boca, como si nos hubiésemos comido un sobre de Peta Zetas.

-No me puede decir que Espinete no existe…
-Sé que existe. Puedo dar fe, porque vino a visitarme un día en el teatro.

-Me deja más tranquila… ¿pero por qué nos miente?
-Decir que Espinete no existe es provocar a la gente. Peñafiel también dijo que el Rey no abdicaba… Yo, igual.

-¿A qué se dedicaría hoy en día Espinete?
-Posiblemente estaría en el paro. Puedo vaticinarlo, en plan Sandro Rey. Alguien tan cándido, naif y puro, como era la esencia de Espinete, no tendría lugar hoy en día. Me aferro mucho a mis sueños de infancia porque creo que es la forma de sobrevivir con un poco de dignidad. Si olvidas todo aquello que te hacía feliz en una época de tu vida, no te queda nada.

-¿Tenemos que recurrir a nuestra infancia para ser felices ahora?
-El famoso síndrome de Peter Pan es terrible. La esencia del libro, y del espectáculo, es recuperar esa energía que teníamos de niños y que nos hacía creer que todo era posible.

-Es decir, sacar el niño que cada uno lleva dentro…
-Está allí. Lo compruebo cada día en el teatro. Hay gente que sale llorando…

-¿No deberían salir riendo?
-Entran riendo y salen llorando. ¿Qué te parece?

-Eso es magia.
-Es magia. Lloran de emoción, no de tristeza. Dicen: “¿Cómo es posible que nos hayamos olvidado de esto?”.

-¿Qué echa de menos de su infancia?
-La inocencia, el creer que todo el mundo es bueno.

-Eso es que jugaba mucho al Tragabolas…
-Claro (Ríe). Me tragaba todas las bolas, efectivamente… y nos sigue ocurriendo de mayores. Era bonito confiar en la gente. Después ves que todo tiene una doble cara. Está bien darte cuenta de estas cosas a tiempo, si no, acabas siendo un ingenuo toda la vida.

-Había personajes que ya te preparaban para este futuro de adulto, como la Bruja Avería que decía: “Soy avería y aspiro a una alcaldía”.
-Sí, y también decía: “Viva el mal, viva el capital”, imagínate qué razón tenía…

-¿Al final somos unos nostálgicos?
-Si yo no soy un nostálgico, dime quién lo es. Llevo diez años contando cosas del pasado.

-Y no solo en el teatro. En la televisión ha participado en el retorno del Un, dos, tres…, de Caiga quien caiga… ¿Lo suyo es lo retro?
-Lo mío es lo retro, efectivamente (Ríe). Qué le vamos a hacer… de hecho, me gusta, me siento cómodo. Tengo muy buena memoria y quizás ese sea el problema.

-¿Qué no entenderían los niños de hoy de los niños de ayer?
-¡Tantas cosas! Si ojean el libro van a flipar en cada página. Hay que explicarles que había una época en que la tele era en blanco y negro, los juguete funcionaban con pilas que pesaban más que uno mismo. Había las de petaca, que te electrocutaban…

-¡Es verdad, no me acordaba de esas pilas!
-Ves, ya te he puesto las pilas.

-¡Y me ha electrocutado! ¿Sus espectadores le aportan recuerdos olvidados?
-Cada día. Me esperan a la salida y me comentan que no he hablado de eso o de aquello. Por eso el libro es como una ampliación del espectáculo.

-Y en el libro cuenta que nuestra infancia fue pionera de la tecnología que vendría después… Tuvimos la primera tablet, el primer You Tube…
-Lo explico en plan comedia, pero es verdad. ¿Te acuerdas del Telesketch? Fue la primera tablet. Dibujabas con esas ruedecitas que no te permitían hacer curvas…

-…era imposible hacer nada.
-Un cuadrado y va que arde. Le dabas la vuelta, frotabas y ya estaba. Comparo el Cine Exin con el You Tube porque podías ver tus vídeos preferidos una vez y otra. La manera de saber cuál te gustaba más era fácil. La cinta que se rompía era la más vista.

-También teníamos cosas políticamente incorrectas…
-Claro. Como los cigarrillos de chocolate o el Blandi Blub, los mocos, que era una asquerosidad. Las muñecas de nuestra época se tiraban pedos, se hacían pis, se les caían los mocos…

-Y se movían como los zombies de Walking dead.
-Sí, efectivamente. Las muñecas de nuestra época eran unas guarras.

-Perdone, ¿me está diciendo que la Nancy era una guarra?
-La Nancy era una guarra y todas las demás, también. Todas eran asquerosas.

-Eso es porque usted era un niño y no jugaba con muñecas.
-No, vamos a ver. Hasta el nombre era asqueroso: El mocosote.

-Las canciones infantiles no se quedaban cortas. Algunas incluso fomentaban el consumo del alcohol.
-Cuidado, es que tengo la teoría que nuestras fiestas infantiles de cumpleaños fueron nuestras primeras orgías de perversión y desenfreno. No había alcohol pero había el botellón de Pitusa Cola, un sucedáneo de la Coca-Cola, la marca barata para los cumples. ¿No pusiste nunca un gusanito de chuches dentro de la Coca-Cola?

-Yo no hacía guarrerías…
-Claro, me ha tocado la pija. Tú tenías Lego en lugar de Tente, ¿verdad?

-Sí.
-Claro, se ha acabado la entrevista.

-Pero era de Clicks de Famobil y no de Argamboys.
-Muy bien. Playmobil forever.

-Antes éramos de una cosa o de la otra. Solo había dos para escoger. O eras de Frigo o de Camy.
-O de Cola Cao o de Nesquick. ¿Tú eras de Nesquick, verdad?

-Sí. ¿Por? ¿Tengo cara de Nesquick?
-Cuando me has dicho que eras de Lego… Eras del otro lado, del lado oscuro, de los niños pijos.

-Si los Reyes Magos me traían a mí Lego y a usted Tente, por algo sería… Quizás me portaba mejor…
-(Ríe) Sí, a mí me traían los juguetes plagio.

-¿Qué no le trajeron nunca?
-El Simon, pero me lo compré después y he descubierto que realmente era un juguete bastante aburrido.

-¿Qué es lo que más le ha marcado de la infancia?
-Las grapadoras. Me grapé un dedo y me ha dejado una marca para toda la vida. De hecho, fue nuestro primer piercing. Somos lo que somos por lo que hicimos de pequeños. La infancia es donde vamos a vivir el resto de nuestra vida.

-¿Y esto no es síndrome de Peter Pan?
-No. Lo que añoras, siempre lo añoras de tu infancia.

-¿Antes ser niño era más fácil que ahora?
-Tienen la misma maldad e inocencia que nosotros, lo que pasa es que les dura menos. La infancia se pierde antes y me da mucha pena porque es una de las épocas que deberían aprovecharse al máximo. Hay padres que quieren que sus hijos crezcan deprisa, que sean cerebritos…

-Eso es porque jugaban al Comecocos, que ya nos anunciaba la fuga de cerebros…
-Es verdad, sí señora. Yo sigo jugando todavía. Llámame otra vez retro, pero me parece muy divertido y adictivo.

-¿Qué miraba en la tele?
-El Un, dos, tres…

-…sabía que sería lo primero que me diría.
-Para mí el viernes era el día guay, no porque al día siguiente no ibas a la escuela, sino por el Un, dos, tres. Además, mi madre me castigaba sin ver el programa si me portaba mal.

-¡Le tenía pillado!
-Sí, me convertía en un santo. Y pensaba: “Verás tú cuando se acabe la temporada…”

-¿Y qué dibujos prefería?
-Me gustaba mucho Mazinger Z, un ser poderoso de metal, todo acción. Además, un chico manejaba el robot…

-Y una chica manejaba Afrodita. ¡Pechos fuera!
-Eso era mágico.

-Hoy sería otra cosa políticamente incorrecta…
-Sería imposible. Ahora está Shin Chan, que enseña el culo… pero es diferente lo escatológico que lo sexual.

-¿La sociedad ha dado un paso atrás?
-Con lo políticamente correcto, sí. Ha habido una involución. Ahora que nos queda más lejos la dictadura, es cuando menos cosas puedes decir en los medios.

-¿Hay temas tabú?
-Se puede hacer humor de todo, pero no con todos. En Twitter no puedes decir nada porque te censuran la cuenta… el humor es una herramienta poderosísima para decir verdades como puños.

-¡Puños fuera! Ahora que estamos en verano, ¿tendría Vacaciones Santillana?
-¡Jamás! Es el libro más infame que se ha podido inventar. Y además lo llamaban ‘Vacaciones’.

-Le pareceré repelente, pero a mí…
-…Disfrutabas con Vacaciones Santillana, ¿no? Pero si ya se te ve… solo hay que ver cómo llevas el guión de la entrevista, tan bien organizadito…

-Bueno, aquí tengo un tachón.
-Uy, sí. Estarás sufriendo ahora mismo. Coge la goma de borrar boli.

-La que te hacía un agujero en el papel…
-Sí, y si te descuidabas te agujereaba la mesa.

-Para terminar la entrevista, y como diría E.T, “Sed buenos”.
-Es la mejor frase. Y también la que decían nuestras madres en vacaciones: “Que ganas tengo de que empieces el colegio”.

Fuente de la noticia: La Vanguardia
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