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14 Marzo 2014

Con una larga trayectoria en radio y televisión -fue director de "La mandrágora"-, el periodista Rafael Herrero construye en su primera novela, "La plaza del silencio", una historia negra, con una fuerte carga social y una denuncia contra la intolerancia, protagonizada por perdedores en busca de la verdad.

"No es una novela de triunfadores, pero, desde su derrota, los personajes buscan la verdad. Y luchan por ella, por ser felices, por vivir", explica Herrero en una entrevista con Efe.

Publicada esta semana por Alrevés, "La plaza del silencio" es una "historia cargada de suspense, ambientada en ambientes oscuros, y sórdidos, con personajes que llevan una vida normal y que son respetados, pero también son capaces de todo, incluso de matar".

Porque a este periodista y escritor madrileño (1946), de obras teatrales, como "No me hagas daño" o "Adiós Carmen", le atraen las historias de perdedores, "que muchas veces tienen una connotación social, con personajes frágiles, llenos de dudas, de miedos, incapaces, a veces, de reaccionar".

"Esos personajes son una presa fácil para los depredadores, los violentos, los fanáticos irracionales, incapaces de empatizar, de ponerse en el lugar del otro. Pero esos personajes vulnerables a veces reaccionan, quizá tarde, pero reaccionan, y se transforman en pequeños héroes inseguros, que defienden su derecho a ser felices, y a ser respetados. Y lo hacen con todas sus consecuencias", explica.

La historia de "La plaza del silencio" se desarrolla durante los últimos días de la vida de Franco. Al protagonista, una noche, le cambia la vida, cuando en un bar de la madrileña plaza de Chueca se produce un asesinato.

Y dentro de la historia, un elemento importante es la intolerancia, en concreto, contra los homosexuales.

"Siempre hay personas intolerantes, incapaces de ponerse en el lugar del otro, incapaces de aceptar al diferente. Esa intolerancia, en el caso de la homosexualidad, sigue ahí en muchas partes del mundo", resalta Herrero, que cita los casos de Uganda, donde se ha promulgado una ley que condena a cadena perpetua a los homosexuales, o Rusia.

Su novela se sitúa en 1975, en España, en un momento en que era muy difícil ser homosexual, y decirlo. "Se ocultaba. Y el machismo imperante los despreciaba, y los perseguía. Les aplicaban la ley de vagos y maleantes. Dar una paliza un marica, para algunos, era lógico, se lo merecían".

En "La plaza del silencio", está presente esa homofobia "terrible, e irracional" a través de uno de los protagonistas, que "es homosexual, y vive las consecuencias de serlo".

Una novela que el autor ha situado en Chueca, su barrio, el lugar al que siempre vuelve y al que pertenece. "Puedo vivir muy lejos, en otra ciudad, pero mi lugar, mi sitio, está allí. Es como volver al pueblo en el que has nacido".

Un barrio que se ha convertido en el símbolo de la homosexualidad y la modernidad, y que es un ejemplo de evolución y transformación.

"Chueca, cuando yo era un niño, era un barrio popular, con encanto, pero lo recuerdo gris, y frío, y divertido, y auténtico. Luego el gris se transformó en gris oscuro, negro. Parecía un barrio condenado a la infelicidad, al miedo, al dolor (...), pero salió hacia adelante, superó el bache, y ahora es un barrio, que sin olvidar sus raíces, se ha transformado, y está vivo".

Y es ahí donde ha situado la acción de su primera novela, tras haberse dedicado más al teatro. Aunque en el fondo, lo que le gusta es contar historias, sin importarle el medio.

"Desde hace muchos años, eso es lo que hago: inventarme personajes, sueños, conflictos. Hubo una época, en que esas historias las contaba en televisión". Ahora lo hace desde las páginas de su primera novela.

Fuente de la noticia: Yahoo Noticias
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