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30 Diciembre 2013

La Esfera de los Libros publica 'Un gato callejero llamado Bob', una emotiva historia real de cómo un felino y un hombre se salvaron el uno al otro.

Cuando la única manera que tiene un gato de hacerte saber que esa arena nueva no le gusta nada es orinarse largamente fuera de la bandeja, uno acaba por entender que hacer que un felino obedezca es una tarea entre difícil e imposible. Que se esté quieto, que pasee por la calle sin asustarse, que interaccione con seres humanos desconocidos y que siga a su dueño por todas partes incluso entre la gente y los coches y que nadie le haya enseñado a hacerlo no es, desde luego, normal. Pero es que Bob no es un gato normal; es más que especial, es único.

Tanto el minino como su dueño, James Bowen, se han convertido en estrellas mediáticas en Youtube y ya son una más de las atracciones londinenses. Su azarosa vida, por tanto, no podía más que convertirse en un best seller, Un gato callejero llamado Bob, que La Esfera de los Libros acaba de publicar en España.

La historia comienza en el año 2007, cuando James encuentra a Bob, un gato pelirrojo, asombrosamente tranquilo e inteligente, y desde entonces los dos han sido inseparables.

Además de Un gato callejero llamado Bob (A Street cat named Bob), Bowen ha escrito The world according to Bob y Bob: No ordinary cat, un versión de A street cat named Bob para niños.
Amigos y residentes en Londres

Estaba claro que tenían que entenderse, puesto que ambos eran transeúntes y estaban al borde del abismo. Bob era un gato en pésimas condiciones físicas que se coló en la escalera del edificio de James, un músico ambulante enganchado a las drogas duras, que luchaba por sentar la cabeza.

Cada uno de ellos encontró en el otro una razón para seguir adelante. Bob encontró un hogar y James un motivo para enderezarse, desintoxicarse y trabajar. La historia de esos primeros meses juntos es conmovedora, por la lucha del humano para comprender las necesidades de su nueva mascota y tratar de ajustarlas a su vida.

James ayudó a Bob a recuperarse, le cuidó cuando estuvo enfermo, le buscó hecho un mar de lágrimas durante horas cuando se perdió y sacrificó muchas veces su escaso dinero para que al gato no le faltasen comida ni medicinas. Bob acompañó a James al trabajo cada día, le vigiló mientras se desintoxicaba de la metadona, se ganó el afecto de todo Londres y de miles de turistas y consiguió que él adquiriese responsabilidad para hacerse un hombre de provecho.

Si va hoy por Londres, tal vez pueda encontrarles tocando juntos en alguna calle, o paseando entre la multitud. No hay confusión posible porque no verá nunca nada igual: un tipo alto y desgarbado con un gato pelirrojo subido a su hombro.

Fuente de la noticia: El Mundo
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