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22 Octubre 2013

¿A quién le interesa mi vida y la de mi padre?

¿Por qué lo hago? ¿Por ego?

Arnau Sanz se planteó esas preguntas, pero asegura que no tuvo que meditar demasiado la respuesta: “Necesitaba hacerlo porque no me puedo callar, necesitaba desahogarme, y el cómic es el medio en el que me siento más cómodo”.

Solo tuvo que superar otra resistencia: “También pensé en lo de ‘otro escribiendo un cómic autobiográfico…’. Pero finalmente pesó más el hecho de que quería hacer un homenaje a mi padre, que estaba atravesando una mala época”.

Sanz había leído Epiléptico de David B. o María y yo de Miguel Gallardo, pero el libro que ha tenido a su lado durante todo el proceso de creación de Albert contra Albert (Edicions de Ponent) ha sido S de Gipi. “Tuve un profesor que cambió mi forma de ver el cómic. Me convenció de que estaba bien mirar qué hace la gente que te gusta y copiar. Coger las manos de uno, los pies de otro… Porque al final saldrá un mix tuyo”, explica.

Además de por todo lo anterior, Sanz tenía que abordar un cómic tan personal porque estaba atascado. “Estaba dibujando otro libro pero llevaba meses estancado. No tenía ganas de continuar, de seguir imaginando…”. Su padre Albert, que padece trastorno bipolar y es adicto a la cocaína y al alcohol, estaba en horas bajas. “Estaba agobiado y no sabía cómo desahogarme. Y pensé que quizás me venía bien usar ese momento para dibujarlo, que quizás ese bloqueo era debido a la presión de no saber cómo tratar a mi padre”.

Ese cómic, una historia ambientada en Siberia sobre unos exploradores que se quedan atrapados, se truncó. Para siempre. En cambio, Albert contra Albert fue "sorprendentemente" rápido desde el principio. Tardó aproximadamente un mes y medio en decidir su estructura, los colores, si utilizar acuarela, lápices de colores o ambos –finalmente se impuso la tercera opción-, y siete más en terminarlo. “Yo soy bastante impulsivo. Normalmente no pienso antes de pintar ni escribo antes de dibujar. Lo hago encima del dibujo y me cuadra. Una vez decididos los 12 puntos de acción, simplemente me sentaba, recordaba, dibujaba y escribía los textos encima”.

Con todo, no fue un trabajo fácil. “Lo más duro fue recordar las situaciones del pasado. Ha sido la primera vez que lo pasaba mal dibujando”. Aunque hoy insiste en que mereció la pena. “Ha sido un desahogo muy bueno. Notaba cómo me iba vaciando, quitando rencores tontos…”.

¿Y qué hay de su familia?

- En cuanto mi padre me preguntó cómo iba con La selva negra -el libro que no pude terminar- le dije: 'Mira, lo tengo parado. Estoy con un proyecto sobre ti, no sé qué te parece... Me gustaría explicar lo que te pasa'.

A Albert le pareció bien.

- Él y la familia entera están muy contentos porque he intentado respetarlos, no he buscado culpables ni tratado de dar pena. Ha sido un simple desahogo. Solo quería contarlo tal como era. Y a mi familia le ha ido muy bien el cómic. La historia de mi padre era un tabú y ahora se entiende, han podido mirarla de frente.

Albert contra Albert de Arnau Sanz está editado por Edicions de Ponent. Todas las imágenes son cortesía de la editorial.


Fuente de la noticia: El País
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