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4 Julio 2013

La reedición de 'La filosofía en el tocador' descubre su significado moral.

Cuidado que vienen palabrotas y obscenidades: "¡Quisiera que Eugenia, de rodillas, le chupase la polla mientras tanto! Con su postura expondría su trasero al caballero, que la encularía, y la señora de Saint-Auge, a caballo a lomos de Agustín, me ofrecería sus nalgas a besar; armada con un puñado de vergas, quizá pudiera, inclinándose un poco, según me parece, azotar al caballero, a quien esta estimulante ceremonia incitaría a no tener contemplaciones con nuestra alma". ¿Se ha sonrojado alguien? Ocurre desde hace dos siglos largos, desde que el Marques de Sade escribió 'La filosofía en el tocador' en 1795. Su encanto consiste en que quizá sea la novela más accesible de todas las del marqués y la que mejor explica el significado de su programa de "vergas y enculadas". Y la ocasión es su reedición en España con el sello de Península.

¿Y qué es eso del "programa de vergas y enculadas"? Muy en resumen: Sade era un filósofo convencido de que había que acabar con su mundo y que la manera de lograrlo era a través de la vida libertina y de la entrega radical al deseo erótico. Francesca Serra, autora de 'Las buenas chicas no leen novelas', firma el prólogo a la edición y explica las dudas.

Por ejemplo: cualquiera que lea algún relato sobre la vida de Donatien Alphonse François de Sade tiende a pensar que el escritor, antes que un filósofo más o menos radical, era un tipo cruel, insensible al semejante. Aunque, claro, es difícil hacerse un juicio. Así que consideremos los textos: más allá de las orgías y de las obscenidades, ¿hay bondad en las novelas de Sade? ¿Se tratan bien sus personajes, con honestidad, con lealtad y generosidad, mientras se machacan sus genitales? Y perdón por la bobada, pero ¿se aman?

'Los conceptos de amor, lealtad y honestidad están totalmente privados de sentido: los personajes de las novelas de Sade son leales sólo a una cosa, la verdad'

Pues ni sí ni no: "El amor incluye, necesariamente, una psicología, Sade, sin embargo, destierra totalmente la psicología de sus textos", explica Serra. "Sólo hay cuerpos y filosofía: no hay alma, sólo mente y materia. De todas las variedades de sentimientos que los seres humanos sienten uno por el otro, de todos los matices y contradicciones que la literatura pretende expresar desde hace siglos, en las obras de Sade sólo quedan dos emociones primarias: el placer y el miedo. Los conceptos de amor, lealtad y honestidad están totalmente privados de sentido: los personajes de las novelas de Sade son leales sólo a una cosa, la verdad. En esto, según su autor, es de una honestidad cristalina: la derrota de la hipocresía y la subversión de todo valor falso".

Y ahí aparece la idea de la antipedagogía. Según Serra, los libros de Sade hay que leerlos como tratados educativos para un nuevo modo de estar en el mundo, subversivo y aniquilador. Y la mujer es la destinataria de esas instrucciones. "Sade es, sin duda, una lectura masculina. Lo fue en el pasado, y me parece que esto se ha mantenido hasta hoy. En realidad, un programa nihilista y verdaderamente sólido debe necesariamente partir de la mujer: porque la mujer nunca es sólo la mujer, siempre representa algo más. Y especialmente debido al principal rol que se le atribuye: la virtud y la maternidad. Es decir, las dos bestias negras de Sade, sus más grandes ídolos polémicos. Las mujeres probablemente no han leído Sade a fondo, pero cuando lo hacen, se enfrentan a un autor que, básicamente, les ofreció un programa extremo y sanguinario de liberación de los estereotipos".

Y nostros que habíamos pensado que Sade iba de gente de la Revolución Francesa que se lo pasaba bien de una manera extravagante. ¿Es divertido leer a Sade hoy? ¿Disfrutable, excitante? "Yo diría que la mecánica intelectual impide la exitación. Pero no la diversión. A mí siempre me viene a la mente, leyendo Sade, cuando Kafka se lamentaba porque nadie se rió mientras leía sus historias en público. Los textos más crueles y extremos son a menudo profundamente irónicos. Luego están también los olores y sabores. Pero todo se llevó hasta el punto límite del aburrimiento y la náusea, como si el lector estuviera encerrado durante una semana en un cuarto oscuro".

Queda hacer el juicio de la Historia. Por un lado, la idea del libertinaje como modo de subversión y contracultura está en nuestras vidas y no parece que vaya a marcharse. Por otra parte, muchos de nosotros seguimos llevando vidas convencionales, tenemos hijos y somos monógamos, por mucho que podamos simpatizar con la vida alegre. ¿Ha ganado o ha perdido Sade? "Sade ha vencido, y sigue estando entre nosotros, mientras que muchos de sus colegas mucho más virtuosos y aclamados se han desvanecido en el aire. Su programa libertino fue destruido por el moralismo del siglo XIX y por la psicología del siglo XX. Sin embargo, sigue estando en todas partes. Tal vez sea nuestra mala conciencia. Vuelve a contar obsesivamente la misma historia oscura que mezcla revolución y repetición, libertad y opresión, sexo y muerte".

Fuente de la noticia: El Mundo
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