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27 Mayo 2013

John Mortimer recrea la génesis y apoteosis del thatcherismo en la novela ‘Un paraíso inalcanzable’.

El escritor y abogado John Mortimer aborrecía a Margaret Thatcher con la misma intensidad que desplegaba un espíritu burlón al más puro estilo británico. Como letrado no hacía ascos a casos que otros leguleyos remilgados habrían repudiado a las primeras de cambio. Pero más allá de su brillante reputación como abogado, Mortimer era un gran escritor, digno heredero de la estirpe de Evelyn Waugh o del corrosivo Martin Amis, prosistas festivos que siempre conviene frecuentar, especialmente en estos tiempos difíciles. Una vez que colgó la toga para jubilarse, Mortimer se dedicó a la escritura a tiempo completo y alumbró algunas novelas estupendas, entra ellas ‘Un paraíso inalcanzable’ (Libros del Asteroide). Esta obra recrea la génesis y apoteosis de los años convulsos regidos por la Dama de Hierro. La novela tiene algo de crónica de la etapa comprendida entre la posguerra y los años ochenta, con el trasfondo de una clasista vida de provincias. Más allá de las ocurrentes peripecias que se suceden en la novela, la obra de Mortimer trasluce la decadencia moral de un país bajo el mandato de dirigentes trepadores.

Es de agradecer el empeño de rescatar del olvido novelas despreciadas por las grandes editoriales. El título que nos ocupa es un feliz descubrimiento. La aparición de ‘Un paraíso inalcanzable’, una historia que relata con ironía e inteligencia el comienzo de los tiempos oscuros que sufrimos en la actualidad, no puede ser más oportuna. Mortimer es un escritor satírico y polifacético donde los haya. No en balde, desempeñó actividades tan dispares como guionista de televisión, dramaturgo o novelista. Adquirió gran notoriedad en los sesenta como defensor de la libertad de expresión al defender a la discográfica Virgin , que fue acusada de obscenidad cuando lanzó el primer y único álbum de los Sex Pistols, bautizado con el controvertido título de ‘Never Mind the Bollocks’ (‘bollocks’ significa ‘cojones’ en inglés).

Los años en que transcurre la novela son cruciales para el Reino Unido. La sociedad inglesa, tan imperturbable ante los avatares históricos, sustentada por una clase aristocrática en decadencia, inicia su desmoronamiento; los valores de siempre, los personajes de siempre, dan paso al sálvese quien pueda.

Desfilan por este relato un párroco socialista al que no le gustan los sermones; el humilde hijo de un contable convertido en ministro conservador que recibe una herencia inesperada; una joven de clase alta que odia a su madre; un médico rural que se lamenta de la pérdida de su primer amor, casada con su hermano; una aristócrata sofisticada y aburrida que esconde un antiguo secreto. Múltiples tramas que Mortimer, como un Charles Dickens moderno, maneja con maestría para dibujar un fresco completo, perspicaz y mordaz de la Inglaterra de la segunda mitad del siglo XX.
Testamento

El arquetipo de este cambio es el repelente Leslie Titmuss, el auténtico protagonista de la novela, hijo del contable de la cervecera local de la que el párroco, Simeon Simcox, es accionista. Tras la muerte de Simeon, y para asombro de todos, Titmuss es el único beneficiario del testamento del párroco, lo que desencadenará una tormenta entre los vecinos y familiares de Simeon. Henry, uno de los hijos de Simeon, novelista de éxito y antiguo contestatario de pacotilla, está dispuesto a luchar por lo que es suyo y para ello no dudará en intentar la anulación del testamento, pero Fred, el otro hijo, médico rural y músico aficionado, buscará el porqué de la decisión de su padre.

Entre el pasado y el presente, con un dominio narrativo proverbial, en esta primera novela de una trilogía, el lector irá descubriendo poco a poco las razones de la decisión de Simeon y los secretos que se esconden tras la apacible convivencia en el valle de Rapstone, un lugar imaginario cercano a Londres habitado por ese tipo de personajes excéntricos que tan bien han sido retratados en la novela inglesa desde los tiempos de Jean Austen a nuestros días. Uno de los tipos más estrafalarios es Simeon Simcox, el insólito párroco que tiene un busto de Karl Marx en su despacho y la costumbre de disfrazarse de mujer, aunque no le va a la zaga Leslie Titmuss, personajillo sin escrúpulos que maneja a todos a su antojo.

La novela tiene momentos escalofriantes, como las artimañas de Titmuss para hacerse con el escaño conservador de su distrito; desternillantes, cuando Simeon, vestido de Papá Noel descubre a su hijo haciendo el amor en la cama de su nieta, o emocionantes, como la incapacidad de Fred por conservar a su primer amor. Una novela muy recomendable que huye de lo panfletario y se fija en los detalles para contar la historia de toda una época. Una historia tan cercana como imprescindible.

Fuente de la noticia: ABC
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