generico informar a su mdico acerca de los remedios a base de hierbas, vitaminas y aditivos si se da el caso.
22 Mayo 2013

Puede que 'Cama de huesos' sea la mejor entrega de la forense Kay Scarpetta.

La pequeña Kay Scarpetta (porque sigue siendo pequeña, apenas sobrepasa el metro sesenta), degusta una copa de Geheimrat J Riesling, la clase de vino que le hace pensar en viajes a Viena, mientras espera a que hierva el agua para preparar su 'risotto con spinaci come lo fanno a Sondrio' cuando un extraño mensaje aterriza en su correo electrónico. En el asunto puede leerse: 'A la atención de la jefa médica forense Kay Scarpetta' y el contenido tiene que ver con la desaparición (y más que probable) muerte de una paleontóloga que perdió una oreja primero mientras trabajaba en un yacimiento en el que abundaban los huesos de Pachyrhinosaurus, suerte de antepasado jurásico del rinoceronte. El yacimiento en cuestión está en Canadá, por lo que Scarpetta, afincada en Boston, se dice que sólo un milagro podría convertir ese mensaje en un caso. Pero los milagros existen. 'Cama de huesos' (RBA) es el caso número 20 de la forense que nunca ha acabado de llevarse bien con su familia. El que sigue al que le valió a su autora, Patricia Cornwell, el prestigioso (y exultantemente bien dotado) Premio Internacional de Novela Negra RBA.

El arranque del caso es decididamente 'lynchiano', puesto que una oreja (una imagen de la misma, en realidad) es lo único que tiene la forense de Florida para dar con la eminente paleontóloga desaparecida en una remota región de Canadá. Pero la cosa no tardará en oscurecerse aún más, puesto que en breve aparecerán en el puerto de Boston los restos momificados de una mujer. Kay no tardará en sospechar que la desaparición de la paleontóloga (Emma Shubert) podría estar conectada con diversos crímenes sin resolver mucho más cercanos, y crímenes realmente brutales, relacionados con torturas y mutilaciones (y he aquí donde entra en juego la oreja de la paleontóloga). Y, a medida que se sumerge en la investigación, la forense descubre que no puede fiarse de nadie: ni de su sobrina lesbiana, Lucy, ni de su compañero de trabajo, Peter Marino, ni de su nuevo marido, Benton Wesley, así que asume que debe hallar al culpable de tan decididamente sádicos crímenes por su propia cuenta. Y es aquí donde el cada vez más firme (y maestro) pulso narrativo de su autora vuelve a brillar, porque con el aislamiento de la protagonista, el lector regresa sin poder evitarlo a aquellas primeras entregas en las que Scarpetta estaba sola ante el peligro.

Aunque fue a un colegio de monjas y disfrute cuidando su jardín y cocinando, nada se le da mejor a Scarpetta que resolver puzzles macabros. Puzzles relacionados con pedazos de cuerpo humano, así que, de vuelta en Boston, tras su estancia en Florida, la doctora con la que Cornwell ha confesado compartir algo más que su pasión por la comida italiana y el café, se reencuentra a sí misma a través de un caso que sus más fieles seguidores identifican como uno de los mejores que la autora de Miami ha firmado en los últimos años. Tal vez el mejor. Cornwell, descendiente de la escritora abolicionista Harriet Beecher Stowe e hija de uno de los abogados de apelación más importantes de Estados Unidos, Sam Daniels, que llegó a trabajar como secretario del juez del Tribunal Supremo, ha asegurado en múltiples ocasiones haber quedado marcada por el abandono de su padre (que se fue de casa el 25 de diciembre de 1961, cuando la futura escritora apenas tenía cinco años) y la posterior depresión y encierro de su madre, hecho que la dejó a ella y a sus hermanos en manos del Estado.

La escritora, que creció en un pequeño pueblo de Carolina del Norte, se casó muy joven, con un profesor de su universidad que tenía 17 años más que ella. Para cuando publicó su primera novela, la exitosa 'Postmortem', inicio de la serie de Scarpetta y pista de despegue de su éxito internacional (a día de hoy se han vendido más de 100 millones de ejemplares de sus libros en todo el mundo, libros que han sido traducidos a 36 idiomas), ya estaría divorciada, aunque tardaría aún cerca de dos décadas más en reivindicar su homosexualidad.

Felizmente casada hoy con Staci Ann Gruber, Cornwell, que trabajó durante los inicios de su carrera como reportera de sucesos para el 'The Charlotte Observer' y como escritora técnica y analista informática en la oficina del médico forense de Virginia (verdadera zona cero de la doctora Scarpetta) reside en su Florida natal y a veces le divierte recordar cómo fueron rechazadas las tres primeras novelas que escribió, allá por los 80, antes de que una editorial aceptara publicar, por fin, en 1991, la novela que lo cambiaría todo: el primer disparo de la fría y calculadora aprendiz de Sherlock Holmes que busca pistas entre las vísceras de las víctimas.

Fuente de la noticia: El Mundo
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