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20 Mayo 2013

Invitado por la UDP a hablar del influjo de Rubén Darío, el irlandés anticipa aspectos del volumen I de su biografía del cineasta andaluz.

La culpa fue de Sigmund Freud. Sus obras completas fueron tempranamente traducidas al español, principiando la década de 1920, y abrieron la cabeza de los jóvenes de la Residencia de Estudiantes de Madrid. Entre ellos, a un trío destinado a grandes cosas: Federico García Lorca, Salvador Dalí y Luis Buñuel.

Según el hispanista irlandés Ian Gibson, esas jornadas discutiendo sobre el subconsciente, la represión sexual y la interpretación de los sueños fueron parte de una educación decisiva para su vida artística. Sobre todo para Dalí y Buñuel: “Cuando en 1925 se publicó el manifiesto surrealista, ellos fueron capaces de entenderlo. Conectan con esa mirada”, dice Gibson, un especialista casi obsesionado con ese grupo de artistas que revolucionó la poesía, la pintura y el cine antes que estallara la Guerra Civil Española.

De visita en Chile, el viernes pasado participó en la Cátedra Roberto Bolaño de la U. Diego Portales con una conferencia sobre el impacto de Rubén Darío en Neruda y García Lorca. Es su especialidad. Biógrafo del autor de Romancero gitano, fue el estudio de su obra el que le abrió un mundo: “Un personaje como Lorca te abre mil puertas. No pude prever lo que iba a ocurrir”, dice en Doma, el restaurante de tapas que acaba de abrir su hijo en Bellavista.

Tras una decena de libros sobre García Lorca y la exitosa biografía La vida desaforada de Salvador Dalí (1998), Gibson ahora retrata al tercero del grupo: acaba de entregar a editorial Aguilar un volumen con los primeros 39 años de la vida de Buñuel. Años claves, donde forjará un lenguaje e inaugurará el cine surrealista con Un perro andaluz.

“Es el trasfondo de toda su vida en Aragón, luego va a Madrid con 17 años y entra a la Residencia de Estudiantes, un lugar muy importante para su generación. A los 25 años se va a París y encuentra su vocación al ver una película de Fritz Lang (Las tres luces). Ve tres películas por día. Se siente poseído por el cine”, explica.

Eco de sus textos en torno a García Lorca y Dalí, la historia de Buñuel es, en parte, una la historia de su quiebre con el pintor: trabajaron juntos en sus primeras cintas Un perro andaluz y La edad de oro, pero en la última Buñuel lo minimizó en los créditos. Años después, cuando el cineasta trabajaba en el Moma de Nueva York, en años de la caza de brujas del macartismo, Dalí dijo públicamente que su viejo amigo era ateo y de izquierda. Debió renunciar.

Toda esa etapa y su larga estadía en México, Gibson no sabe si podrá contarlas: “A no ser que aparezca un multimillonario mexicano que me apoye, no lo voy a hacer. Es horroroso trabajar sin los medios”, dice el irlandés que desde 1991 vive en España, donde intentó orientar en 2009 la búsqueda de los restos de García Lorca. No lo logró. El poeta no fue hallado. “Terminé hecho polvo. Arruinado. Destrozado. Porque no me han hecho caso. Ni mi propia gente. No me pidieron la opinión ni nada. Me hizo mucho daño”, sostiene.

Fuente de la noticia: La Tercera
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