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Ya no soy un escritor de provincias´
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Con un jurado implacable y un galardón literario exitosamente independiente, incomparable a muchos de los certámenes literarios de prestigio y con mayor dotación económica, el escritor alicantino Rafael Balanzá ha conseguido el Premio Novela "Café de Gijón" con "Los asesinos lentos". Una obra que atrae la curiosidad del lector nada más arrancar la lectura, cuando el mejor amigo del protagonista le anuncia fríamente que ha tomado la decisión de matarle muy pronto.
J. PAYÁ - ¿No llega usted tarde a la literatura?
Como escritor, soy joven (41 años). Porque publicar por primera vez una novela en una editorial fuerte como Siruela, a mi edad, no es de ser viejo. Está bien, porque entrar antes sería problemático, ya que la gente se quema. De hecho, hay autores de mi generación que emergieron antes y han desaparecido.
- Pero tampoco es un novato en el género.
No. Uno de mis libros que mejor salida han tenido es "Crímenes Triviales. Tuvo un éxito de crítica muy bueno, pese a que salió en una editorial muy pequeña y por tanto su distribución no fue muy grande. Pese a todo, llevo muchos años trabajando, aunque esta es la primera vez que doy con el pleno al quince.
- ¿A cuántos galardones presentó la novela premiada?
A tres, aunque a las primeras de cambio no esperaba rayar tan alto. Me presenté sabiendo que el año pasado optaron al galardón más de 500 obras, y al final gané. Sabía que era una novela buena, pero no me lo esperaba.
- Con el galardón y prestigio nacional recibido.... ¿Ha dejado de ser un escritor de provincias?
Indiscutiblemente, y por fin puedo decirlo ya, he dejado de ser un escritor de provincias. La editorial Siruela es una de las más fuertes, que cuenta con una importante distribución en España e Hispanoamérica. Y, efectivamente, para mí es muy estimulante salir del ambiente literario de provincias, que por cierto es muy duro. Tenía ganas de ir a una capital y romper esa crisálida, aunque es muy difícil porque hay mucha competencia.
- El premio novela Café de Gijón resalta por su pulcra imparcialidad y su selecto jurado que apuesta por la calidad. Envidia, me consta, de otros certámenes literarios con incluso más bote económico.
Efectivamente, para mí siempre ha sido éste el premio más prestigioso de novela. Hay premios mejor dotados económicamente, como el Alfaguara, pero aquí la primera criba la hace la editorial, por lo que ya hay un sesgo comercial en esa criba. En este caso, con el "Café de Gijón", la editorial no mete mano hasta después del fallo del jurado, por lo que es un premio totalmente limpio.
- Por lo tanto, aún quedan premios literarios en los que se puede creer para los futuros escritores.
Mira, en parte por todo esto, yo entono un mea culpa. Antes de recibir el premio, mi retórica era exclusivamente despotricar, y decir eso de que si no conocías a alguien o no tenías un padrino no podías hacer nada en los premios literarios. Pero a mí este premio me ha cerrado la boca. Por eso, cuando la gente joven me pide un consejo, les pido que sigan escribiendo y no decaigan. El reconocimiento siempre llega.
- ¿Cree que el destino le debía este reconocimiento?
Después de "Crímenes triviales", dirigí una revista cultural en Murcia, y rendí un homenaje a John Kennedy Toole, autor de "La conjura de los necios". Este escritor se suicidó el mismo día que yo nací. Fue un autor que dio vueltas y vueltas por todas las editoriales de Estados Unidos y no consiguió publicar nada. Ahora sí que se han publicado, y estas cosas pueden pasar. No sé... para mí, el premio "Café de Gijón" es un tributo a la gente que está luchando y seguramente se muerde los nudillos cuando se montan campañas promocionales para una literatura vacía. He tenido suerte en el oficio.
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