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Libros

Pablo Jiménez rescata la poesía renacida y viviente de Renée Vivien
 

Lo realmente «magnético» y magnífico de la lírica de Renée Vivien es que «uno se siente invadido por la realidad de lo que relata», dice Pablo Jiménez Burillo de la poeta que murió a los 32 años dejando una docena de poemarios, alguna novela artificiosa y un excelente puñado de prosas y cuentos. Después de la griega Safo, Renée Vivien es la primera mujer que, sin máscaras, escribe poemas de amor a otra mujer: musicales, vividos, llenos de presencias, de intimidad, de amor. «Es el amor con su angustia, con sus incertidumbres y con su dolor», anota Pablo Jiménez en la introducción a su traducción de «Estudios y preludios» (Tf. editores), el libro de amor que Renée Vivien consagra a su gran amor, Natalie Barney, que se presenta este jueves. Vivien llegó desde Gran Bretaña a la alta sociedad parisina al final del siglo XIX. Es un mundo «más artificioso» en el que «la elegancia equivale al artificio -dice Jiménez- y se enfrenta a lo natural, a lo que no es bello. Lo artificioso es lo bello y los personajes más elegantes del momento eran los grandes homosexuales, que marcaban la moda».
 
Natalie Barney gestionó un salón literario en cuyo patio había un templete donde sus amigas interpretaban a sacerdotisas griegas. El safismo estaba en pleno apogeo «y la imagen de las Evas estériles y bellas tenía una prestigiosa tradición no sólo en los versos de Baudelaire -que tanto influiría en Vivien- sino sobre todo en la tradición del simbolismo que había creado un arquetipo de mujer virgen, delgada, cruel e inescrutable», dice el autor. En noviembre de 1899 Vivien conoce a Barney, que había roto con la princesa Liane de Pougy.
 
Renée adora a Natalie como a una diosa. Encuentros y desencuentros, deseos y tristezas, ternura y desmesura presiden sus contactos: «La primera noche de amor entre ellas fue un desastre. Natalie no sabe qué hacer y organiza un orgía para que dos profesionales inicien a Renée en el rito amatorio. Vivien se queda espantada, humillada y lo vuelca todo en el poema «Bacante»». El lector se surmergirá con los versos de Vivien «en un mundo de verdad, en el que no hay lugar para las poses. Son versos llenos de realidad. Poesía de sentimiento que conmueve, renacida y viviente. Vivien escribió así uno de los grandes libros de amor, cargado de «fuerza y sinceridad». Es lo que Pablo Jiménez Burillo transmite en su traducción de «Estudios y preludios».

Fuente: Diario ABC

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